40 m² (adiós, Suba)

Por circunstancias de la vida, la disolución de la familia disfuncional de la que hablé hace un tiempo derivó en haber alquilado un apartamento para vivir por casi año y medio. Y por las mismas circunstancias, esa etapa terminó hace unos días, para dar comienzo a otra en la cual paso de vivir en cuarenta metros cuadrados, a vivir en otros cuarenta metros cuadrados, pero esta vez míos.

Justo en estos días, ha salido un informe de Fedelonjas y el BID, según el cual Colombia es un país de arrendatarios: el 34% de las viviendas en el país se destinan para alquilar (43% en Bogotá), siendo el porcentaje más alto de Latinoamérica. Más allá de las dificultades para acceder a un crédito (empezando por la cuota inicial), muy posiblemente, y sobre todo entre las personas o familias jóvenes persista un sentido de la economía basado en las enseñanzas de Robert Kiyosaki, en el sentido de que pagarle a otros por alquilar algo que no va a ser de uno es más barato que pagar lo mismo en un mismo plazo por algo que sí va a ser propio (al menos a mí no me cuadran las cuentas a la hora de considerar su idea de que una casa es un pasivo y no un activo).

Dicho esto, lo siguiente fue dar el salto de Suba a Usaquén, el “norste” por antonomasia, aunque siga siendo estrato tres y esté en la frontera entre muchas áreas de vivienda multifamiliar nueva y sectores de desarrollo informal. Una de las razones fue buscar una buena zona para ir en bicicleta, y a diferencia de Suba, donde no hay ciclorrutas (que me sirvan) pero sí puertos de montaña, el sector tiene tres ciclorrutas (dos sobre la Autopista Norte y una sobre la carrera 19), mejores vías, y topografía plana. Eso sí, muchos conjuntos de apartamentos pero poco comercio. Técnicamente hay que darle la razón a quienes afirman que son los negocios de barrio (y no los conjuntos cerrados) los que suelen definir un barrio.

Otro punto era no lidiar con quienes creen que, si en Medellín le dicen al metro “ascensor acostado”, aquí a un ascensor se le puede decir “Transmilenio vertical”. Por eso una ventaja de elegir un primer piso (además de tener un pequeño patio privado) es no tener más problemas con los ascensores, ni asumir la tarea de subir cinco, seis o más pisos de edificios sin ascensor, por escaleras que, vaya uno a saber por qué*, no cumplen las normas básicas de diseño. De escaleras o de lo que sea.

Sé que los expertos en finanzas, esos que saben exactamente qué hacer con el dinero de los demás, sabrían qué hacer con el capital para comprar una vivienda -excepto, claro, comprar una vivienda-, pero como necesito un lugar mientras no tenga planeado irme pronto de este mundo, recordé un diálogo de una película de superhéroes (y no soy tan para nada friki), en el que uno le pregunta al otro si se irá a vivir a Brooklyn, y este le responde: “no me alcanza para Brooklyn”. Haciendo las mismas cuentas que seguí para dejar de “alquilar” transporte público y desoyendo por completo a Kiyosaki, decidí seguir el consejo-respuesta del primero de los personajes del diálogo: “un lugar es importante”.

* Todos algunos hay arquitectos que tienen la costumbre de presentar ante las curadurías urbanas un proyecto que cumple sus normas, para luego hacer otro en el que puedan, entre otras cosas, ganar espacio con escaleras más angostas y con abanicos, que no las cumplen. Y pasa porque ni las curadurías cumplen sus propias normas (¿cuántas curadurías tienen escaleras protegidas contra incendios? ¿O parqueaderos?) Si inútil es algo que no modifica la realidad, la burocracia entonces es la cosa más inútil del mundo.

Una nueva bicicleta

No hacía falta quedarse atascado un sábado en un taxi en el trancón de la 170, viendo cómo era rebasado hasta por los carros de paletas, ni saber que Bogotá tiene la tarifa más alta del transporte público (en buses) en Latinoamérica, para convencerme de que lo mejor es la bicicleta para moverse por la ciudad. El único pero, en casi un año de dejar de pagar por viajar como res al matadero, es la parte mecánica. Por problemas mecánicos he perdido unas tres semanas en estos once meses de uso continuo de la bicicleta (eléctrica), pero viendo que al cabo de casi un año prácticamente se pagó sola, y lo difícil de encontrar servicio técnico para las eléctricas de marca, decidí adquirir una bicicleta nueva.

La joya de la corona.

Una bicicleta MTB rin 26 urbana, plegable, con doble suspensión, apta para los ascensores y para las calles de la ciudad, por sí sola es buena opción, pero además con un kit de conversión a eléctrica (porque no sobra un empujón para salir de situaciones críticas), resultó una opción al menos un millón de pesos más barata que muchas bicicletas nuevas no siempre aptas para todos los terrenos. Demasiado pesadas y caras, o demasiado pequeñas, o demasiado fuera de la norma para ser consideradas bicicletas. Lo bueno de los kits es que permiten la conversión y personalización de cualquier bicicleta.

La empresa encargada de la conversión fue Bicielectron, que no sólo vende bicicletas personalizadas (y scooters) e instala kits, sino que ofrece servicio técnico general. Por eso además me cambiaron el manubrio (muy bajo y con poco espacio para accesorios). En su recorrido inicial hice 23.5 km. entre la muy irregular ciclorruta de la Autopista Norte y la titánica de la 170 (lo bueno de tener 21 cambios y no sólo siete). Aunque mi actual bicicleta no ha estado mal para los trajines de los últimos meses (y sigue siendo la primera opción), se nota que el tamaño de las ruedas y la doble suspensión hacen buena diferencia.

¿Por qué dos bicicletas? Porque como ya he dicho, no me gusta que por razones mecánicas tenga que depender del ineficiente transporte público. No es por presumir (hay mejores latas para eso). Y no es una inversión exagerada comparada con una moto o como la que hacen quienes se compran un segundo carro para evadir el pico y placa. Ya he tenido problemas con mi bicicleta actual y ésta surgió de un arrebato por haber pagado 25 pasajes de Transmilenio en diez días. Así que yo prefiero tener mis opciones de movilidad bien cubiertas (tal vez le apueste a un scooter) mientras la ciudad se prepara para seguir discutiendo otras dos décadas si hace o no el metro y soluciona de una vez por todas la problemática del transporte público.

PD1: Ya sé que el mayor problema de la autoproclamada capital mundial de la bicicleta es la seguridad, unida a la inoperancia de las autoridades y al hecho de que los delincuentes no dudan en matar por cualquier lata. Y que vivir en esta ciudad es un acto de fe. Pero nadie se muere la víspera y además, viendo al jefe de policía y su inteligencia, lo mejor que se puede hacer es anticiparse al modo de pensar de otros. Pensar como delincuente, porque pensar como burócrata (uniformado o no) es ofrecerse en bandeja.

PD2: Se habla de los colados de Transmilenio, de que son un 15% (ya quisieran) y de que le causan pérdidas por $222.000 millones anuales (al subir la tarifa, suben las pérdidas también, supongo). Pero al revisar una vez más la relación precio/calidad del servicio y la proporción del precio del pasaje respecto del salario mínimo, también deberían hablar de quienes pagan por no usar el servicio: los que pagan y se bajan en vez de seguir esperando un bus que no llega, o los que pagan para poder salir de un portal mal señalizado.

PD3: Que un asadero de pollos tenga parqueadero para vehículos y no para bicicletas habla de lo mucho que falta para una verdadera world bike capital (aunque esta vez la culpa sea de los comerciantes). Iba a hacerles el gasto una noche pero no se me antojó dejarla (la actual) en la calle cuando me habría conformado con un pedazo de reja dónde amarrar el candado que le piden a cualquiera en un parqueadero. Lo siento, red ember, en otra vida será.

Mundo de tercera: “Que la burocracia los mate a todos”

Una nueva entrega más de mis razones para estar decepcionado del género humano, en particular del Homo colombianensis.

Metro de Bogotá. No es suficiente con vivir en la ciudad más grande del continente sin metro (o un sistema de transporte masivo acorde al tamaño de la ciudad), que además tiene el precio del pasaje más alto de Latinoamérica (de transporte masivo, en proporción al salario mínimo), y que además es la ciudad con más trancones del mundo. No es suficiente con haber elegido dos veces a un alcalde que en comparación con sus predecesores, fue bueno, pero que al hundir la posibilidad de una solución definitiva al problema del transporte público de Bogotá se convirtió en el peor de la historia.

Y no es suficiente porque al parecer la única forma de avanzar (o de huir hacia adelante, que no es lo mismo), es continuar con el legado del mejor vendedor de buses del mundo. Si hubo un proyecto de metro para Bogotá, subterráneo, que costó 120.000 millones de pesos en estudios y que se había dejado en fase de “ingeniería básica avanzada” (o “listo para construir” según la oposición), ahora resulta que en esta época de elecciones para alcalde, todos los candidatos han señalado que, por muchos peros que tenga un proyecto de “metro”, elevado, con menos kilómetros que el subterráneo pero más caro, y al parecer sin estudios de factibilidad, es mejor llevarlo a cabo que perder más tiempo en estudios. El problema es que los estudios contratados en las anteriores administraciones (ocho de esos “12 años de izquierda” a los que el alcalde Peñalosa culpa de lo que sigue sin funcionar en Bogotá) nunca fueron totalmente claros, y no se sabe a ciencia cierta hasta dónde se avanzó.

A punta de creer que hay que “construir sobre lo construido” (¿lo construido por quién?), la gente está tan harta que prefiere que se haga algo aunque sea malo y luego se cuadran las cargas, y aunque sea tan malo que debería construirse en cartón piedra sólo para ver a escala real el adefesio que es la propuesta de Peñalosa. Un metro inviable y una propuesta en la que Transmilenio siga siendo la única opción de movilidad en Bogotá, aunque la gente también esté tan harta que siga prefiriendo el automóvil particular. Pero la gente que no conoce la avenida Caracas y quiere eso mismo por la Séptima, también vota. Por eso he optado desde hace tiempo por la opción de la bicicleta, lo que nos lleva al siguiente punto.

Bicicletas. No es una moda ni una invocación al niño interior. La bicicleta en esta ciudad es para muchos la mejor alternativa al transporte público. Sin embargo hay que saber elegir, y para no dar nombres digamos que el aparato fue una buena elección (una eléctrica usada) pero el servicio técnico es muy, muy malo. Creo que ya quitaron eso de “todo en un solo lugar”, porque eso es justamente el problema: hay que atravesar la ciudad para ir al único punto de la ciudad donde hacen mantenimiento de su propia marca (aunque hay otros talleres que arreglan estas bicicletas). Chévere el ambiente pseudoneohipster, el #bikeconcept y el prestigio de la marca, pero no los precios, la lista de espera de un mes para cambiar un aro, o tener que recordarles que para pedalear en una bicicleta las bielas deben estar opuestas, no formando ángulo.

Si me preguntan, diría que la mejor opción es comprar una bicicleta de llanta grande (rin 26, para las trochas de calles, andenes o ciclorrutas) y convertirla en bicicleta eléctrica. Sale por algo más de la mitad del precio de una eléctrica nueva de rueda pequeña (rin 16 o 20). Más adelante espero hacer una buena reseña de la adaptación de mi última compra.

En esta autoproclamada “capital mundial de la bicicleta” no quedaba bien presumir de los kilómetros de ciclorrutas construidos sin tener en cuenta su estado. Por eso me alegro de que al menos la denuncia del hundimiento de la calzada de la ciclorruta de la avenida Suba con calle 122 se atendió rápido:

Dendrofobia. Hablando del empleado del año de Volvo, el alcalde de Bogotá parece sufrir de una dendrofobia selectiva. Significa fobia a los árboles. O por lo menos parece tener una manía por reemplazar árboles por canchas sintéticas, y justificar la tala de árboles como si Bogotá tuviera un exceso de éstos, así como de zonas verdes naturales. Y encima, tras hacer talas a las tres de la mañana y delegando la concertación con la comunidad en el ESMAD, se hace ahora la víctima. Lo que quería responderle es que nadie lo acusaría de arboricida por talar un árbol que se cayó en el parque del Virrey, sino que lo acusarían de talar árboles sólo donde puede hacer canchas sintéticas, y de descuidar los demás. Pero bueno, ahí queda la idea:

Estafas y telemercadeo. RMI Latam es una empresa dedicada a la estafa por telemercadeo, o algo por el estilo. Parece ser parte de una red de distribuidores de servicios y descuentos que en realidad son el pretexto para engañar a la gente: llaman a la víctima diciéndole que como premio al buen manejo de su tarjeta de crédito le ofrecen el beneficio de posibilidad de eliminar el cobro de la cuota de manejo, siempre que uno adquiera un paquete de “beneficios” por un costo de $520.000 diferido a 36 cuotas, después de lo cual “usted ya no va a tener que pagar nunca la cuota de manejo de su tarjeta”.

Obviamente los únicos que podrían otorgar ese beneficio son los bancos, pero sorprende la cantidad de información que estas alimañas tienen de la gente, que creen que al tenerla son parte del sistema bancario y acceden a darles el resto de la información, aunque sólo tengan una parte con la que no podrían hacer nada. Por supuesto llegué a caer en parte del juego, pero de un modo tal que la “asesora comercial” quedara iniciada. Ellos también acceden a dar parte de su información, y esta es la que dan: Katherine Beltrán, teléfono 4320212, celular 3017187731, calle 60 N° 9-83 Of 213.

Aunque sean muchas las denuncias, sorprende también que estas escorias sigan operando impunemente, pues en todo caso pueden demostrar que la víctima ha dado su consentimiento. Pero sobre todo revela un pobre manejo de la protección de datos que hace el sistema financiero.

Burocracia. Cuando a Sigmund Freud se le permitió salir de Austria en 1938, se le hizo firmar una declaración en la que debía afirmar que ni él ni su familia habían sido maltratados por el régimen nazi. Queriendo decir la última palabra, Freud la finalizó con una frase irónica: “De todo corazón, recomiendo la Gestapo a todos”.

La burocracia es definida como “conjunto de actividades y trámites que hay que seguir para resolver un asunto de carácter administrativo“. Yo había planteado, parafraseando a Clarke, que “toda forma ineficiente y estúpida de hacer las cosas lo suficientemente organizada es indistinguible de la burocracia”, pero encontré una definición mejor:

Ya es bastante que una actividad como la Arquitectura, una de las Bellas Artes, un campo de expresión del diseño y la creatividad, termine metida en el pantano de la burocracia por cuenta de unos arquitectos envenenados con la tinta de los sellos, convertidos en tinterillos y llamados curadores urbanos. Ya es bastante que cuando la policía hace su trabajo de capturar a los delincuentes, se ve saboteada por la burocracia judicial que obliga a liberar a los detenidos por “procedimiento ilegal”. Ya es bastante que haya que hacer filas y pedir turnos para todo, y que todo termine afectado por el “síndrome de banco”: cinco puestos de atención y sólo uno atendiendo a la gente como hace veinte años (hola, Grupo Aval, ya existen los digiturnos).

Pero sobre todo, es indignante y repugnante que la burocracia sea lo que termine degradando e incluso matando a la gente. Sobre todo a la gente que no tiene por qué pasar por estas cosas. No voy a dar detalles, pero ya han pasado dos años de la muerte de un familiar cercano, por causa del cáncer, que por cuenta de la burocracia tuvo que pasar una noche en una estación de policía, estando a varias semanas de iniciar una nueva sesión de quimioterapia, por cuenta de un error burocrático de la fiscalía, de la falta de criterio de la policía, y de que al ser domingo había que esperar al lunes para que abrieran los juzgados.

Dicen que cada quién merece su suerte, que no existe tal cosa como la injusticia, que nadie carga una cruz más pesada que la que puede llevar, y que todos pasamos por lo que debemos pasar. Pero también dicen que todo lo que hacemos tiene consecuencias, y que las malas acciones crean deudas que se tienen que pagar. Luego de recordar esto, y de haber comprobado en persona la incompetencia de la burocracia armada y uniformada, no me queda más que desear no sólo que paguen por sus actos, sino que su redención dependa de un sello faltante o de una fotocopia mal sacada. Antes de que la vida me permita salir de esta ciudad, de este país o de este mundo, quiero hacer una declaración, extendida a todos los enemigos de mi paz.

De todo corazón, deseo que la burocracia los mate a todos.

Permutaciones en matrices (Visual Basic y C++)

Un ejercicio clásico de programación consiste en generar todas las permutaciones de una matriz o cadena de caracteres. Para este último caso en Visual Basic hay una solución que consta de dos procedimientos (uno de ellos recursivo), mientras que para las matrices, echando mano de la Wikipedia buena (en inglés), así como de sitios como rosettacode.org (una Wikipedia de la programación), la mejor solución para generar pemutaciones es el algoritmo de Heap, que puede ser recursivo o no recursivo (como el indicado más adelante, más práctico para permutar matrices):


procedure generate(n : integer, A : array of any):
c : array of int
for i := 0; i < n; i += 1 do
c[i] := 0
end for
output(A)
i := 0;
while i < n do
if c[i] < i then
if i is even then
swap(A[0], A[i])
else
swap(A[c[i]], A[i])
end if
output(A)
c[i] += 1
i := 0
else
c[i] := 0
i += 1
end if
end while

Resolviendo la Estrella Mágica

Estrella mágica de grado 6: la suma de los lados de cada triángulo mayor, y de los números del hexágono interno, debe ser siempre 26. Abajo se muestra una de las 72 soluciones posibles.

Como parte de mi afición por los cubos de Rubik había encontrado hace un tiempo el canal de Cuby, un youtuber aficionado a estos cubos y a los puzzles en general. En uno de sus videos presenta una Estrella Mágica, un acertijo con forma de estrella de seis puntas en el cual hay que colocar los números del 1 al 12, de modo tal que los lados de cada triángulo mayor de la estrella, así como los seis números del hexágono central, sumen 26:

Y aquí entra nuevamente el tema de las permutaciones. Aunque existen soluciones matemáticas para este problema, la primera intención siempre suele ser resolverlo por fuerza bruta, es decir, con un programa que genere todas las permutaciones posibles y muestre las soluciones.

En el minuto 6:58 del video está el código usado por él (C# sobre Visual Studio), y como a mí me colapsó el Visual Basic al querer resolverlo en Excel, me pareció mejor volver al C++ (sobre Dev-C++), y crear un programa que además cuente el número de soluciones. Resulta que aunque hay 479.001.600 permutaciones posibles, sólo 72 solucionan el problema. Adjunto aquí el código fuente y la aplicación generada, con el valor de cada letra del tablero según el esquema de la imagen anterior.

Resolver por fuerza bruta un problema como éste es muy sencillo, comparado con otros como el problema de las n damas, que consiste en colocar n damas en un tablero de ajedrez de n por n casillas, de manera que no haya más de una dama por cada fila, columna y diagonal del tablero, que se complica al resolverlo por fuerza bruta cuando n pasa de 50, y para el cual hay una recompensa de un millón de dólares para una solución polinomial (no algorítmica) con n igual a 1000. Lo que en el fondo no es otra cosa que una solución del problema P=NP:

Convertir coordenadas UTM y geográficas (Colombia)

Más que un manual para gente que ya sepa de topografía, cartografía o ingeniería, el siguiente es un resumen de las herramientas en línea que (a mi parecer) son más útiles para convertir las coordenadas que se pueden obtener con herramientas de uso común entre arquitectos o delineantes.

Normalmente, en arquitectura se suele trabajar con levantamientos topográficos hechos con el llamado sistema de coordenadas UTM (Universal Transversal de Mercator), que marca la distancia en metros de la abcisa (x o Este) y la ordenada (y o Norte), a partir de un punto de referencia que suele cambiar dependiendo de las zonas del sistema cartográfico establecido:

Sin embargo, a la hora de georreferenciar un punto de un proyecto con herramientas de arquitectura como AutoCAD o Revit, o software no especializado como Google Earth, no siempre se logra la conversión correcta de un sistema de coordenadas a otro. Por ejemplo, si fuera por los tutoriales, y usando los servicios en línea que hay, uno diría que las coordenadas UTM del centro de la Plaza de Bolívar en Bogotá, según Google Earth, son: 602489.26 m E, 508305.27 m N. Sin embargo, no es así porque la información no es suficiente.

Por ejemplo, supongamos que el centro de la Plaza de Bolívar esté en las coordenadas geográficas 4.5981206, -74.0782322 (según Google Maps). Lo primero que hay que hallar es el sistema de cada zona. La página más práctica que encontré fue spatialreference.org, que permite ver la zona cubierta por cada sistema de referencia. Por ejemplo, la zona que incluye a Bogotá es EPSG:3116 MAGNA-SIRGAS / Colombia-Bogotá. En dicha página sólo hay que explorar las opciones Previous o Next para saber qué sistema de referencia cubre la zona que deseamos buscar en el resto del país.

Detalle del sitio spatialreference.org con la zona cubierta por la zona Magna-Sirgas Colombia-Bogotá del sistema EPSG:3116 (en las opciones Previous/Next se ve el área cubierta por cada sistema)

Una vez hallado el sistema podemos entrar a EPSG.io y, habiendo introducido el sistema de referencia y el sistema de coordenadas al que queremos hacer la conversión, obtendremos las coordenadas correctas. Que en el ejemplo de la Plaza de Bolívar son 999919.63, 1000212.36 en el sistema UTM.

Conversor de coordenadas del sitio EPSG.io. Es necesario saber el sistema de coordenadas del punto, y el sistema al que queremos convertirlas.

Una vez obtenidas las coordenadas es más fácil trabajar con software como AutoCAD o Civil Map que utilizan diferentes sistemas de coordenadas para la geolocalización de proyectos. También es útil entre arquitectos a la hora de hacer trámites ante la aeronáutica civil, que exige estas coordenadas a la hora de expedir normas para licencias de construcción en predios cercanos a los aeropuertos. Como digo, esta guía va dirigida a arquitectos o delineantes, que no tienen (tenemos) la misma formación en esto que los topógrafos o los ingenieros, por lo cual el artículo queda abierto a correcciones y sugerencias.

Seis meses en bicicleta

En realidad son casi ocho meses desde cuando decidí apostar por la bicicleta como mi principal opción de transporte, pero unos seis en días hábiles acumulados. Además iba a escribir esto para cuando cumpliera mi primer año en cicla, pero no creo que mientras la use como hasta ahora haya mucha diferencia. Ya he acumulado más de 3.000 km. recorridos y bastantes experiencias como para hacerme a la idea de cómo es andar en bicicleta por Bogotá.

Cuando comprobé lo deficiente del transporte público en toda la ciudad esta zona, y después de descartar las opciones desde los patines y los patinetes eléctricos hasta la moto, me decidí por una bicicleta eléctrica usada, y me declaro muy satisfecho por esa compra. Y después de comprobar que a pesar de no ser Ámsterdam o Copenhague, es posible moverse en bicicleta en Bogotá a pesar de todos sus problemas, que van desde la seguridad, la falta de infraestructura o de cultura ciudadana.

Dicen moda porque “alternativa al cada vez peor transporte público de Bogotá” quedaba muy largo.

En todo este tiempo, puedo decir que salvo algún roce con algún ciclista o peatón, no he tenido ningún incidente medianamente grave, ni mucho menos un accidente. Buena parte del asunto tiene que ver con usar una bicicleta de menos de 350 vatios de potencia, por lo cual es lícito circular por los andenes asumiendo la misma actitud del Distrito (ante la falta de las ciclorrutas necesarias), de autorizar el uso compartido de andenes por parte de ciclistas y peatones, dando a éstos la máxima prioridad (pues no tiene sentido que haya que apearse por hasta tres cuadras para pasar de una ciclorruta a otra sólo porque la ciudad está mal diseñada).

Sin embargo, la principal lección que he aprendido es la de que hay que saber andar conservadoramente y a la defensiva. Admito que he cometido algunas imprudencias, pero en lo posible he querido cumplir con lo necesario, a veces al punto de la ñoñez. Cuando la situación se sale un pelo de lo normal, parar. Portar todo el equipo (casco, luces, espejos, pito, chaleco) y respetar los semáforos y las señales (como la de no cruzar los puentes peatonales montado). Pero sobre todo, la clave de saber andar a la defensiva es asumir que los demás son unos idiotas. Peatones que cruzan las vías sin mirar, ciclistas con celular en la mano (o que van por la izquierda), runners que se creen bicicletas (y por tanto invaden las ciclorrutas), conductores que no saben usar las direccionales, y recicladores, ancianos y algún caso psiquiátrico que creen que la ciclorruta o el bicicarril son extensión del andén. Carne de democracia, que llaman.

¿Cómo me ha ido con la bicicleta? En términos generales, bien. Es plegable, suficiente como para caber en el ascensor, pero desafortunadamente no en un taxi (porque no es una Brompton). Y acaba de llegar de mantenimiento, por lo que da gusto usarla en sus tres modos: sin motor (como la bicicleta que no tuve hasta los 16), con acelerador (con autonomía de hasta 30 km.), o con pedaleo asistido (por cada pedalada, el motor avanza el equivalente a otra). Sólo un pinchazo, que en la bicicletería del barrio me solucionaron. Porque eso es otra cosa: en muchos talleres aún no se atreven a meterle mano a estas bicicletas, y la marca que las ofrece sólo tiene una sede en Bogotá.

Con la bicicleta he podido matar dos pájaros de un tiro (por más que los animalistas adoctrinados se ofendan): la falta de transporte y el sedentarismo. Además de reemplazar el cortisol por la dopamina (o sea, Transmilenio por la bicicleta), una vez me contagié de gripa, y en lugar de padecerla, decidí sudarla en la bicicleta en vez de la cama. No sé exactamente cómo ni por qué, pero al día siguiente, resultó que me alivié. Como si me hubiera ahorrado los peores cinco días. Y pensar que estoy rodeado de sedentarios que dicen que recorrer 18 km. diarios (incluyendo los cerros de Suba) en una bicicleta de 30 kilos no cuenta como ejercicio.

Otra cosa es la infraestructura. Si bien para una rin 20 los andenes y ciclorrutas en esta parte de la ciudad están en estado transitable (la mayoría de las plegables son rin 16), en lugar de presumir los kilómetros de ciclorrutas hechos y acumulados, la alcaldía debería prestar más mantenimiento a la red existente, que está en un estado muy regular (y aprender definitivamente a hacer andenes, de paso). Pero en su lugar, este nefasto alcalde, además de los cuatro años de retrovisor apuntados a los “doce años de izquierda” anteriores (a los que ya superó en ineptitud y despotismo), ha decidido aumentar aún más la tarifa del transporte público (lo que sólo justifica más los casi $700.000 ahorrados en estos meses en pasajes de Transmilenio).

De la seguridad, mejor no hablar. Ser latinoamericano colombiano bogotano es un acto de fe. La clave está en los horarios; a la hora en que en los recorridos de siempre es peligroso andar en bicicleta, resulta ser la misma hora en la que se meten a robar en Transmilenio. La bicicleta está registrada, pero duele pensar que la justicia no ayuda, o que en una ciudad que necesita cada vez más a Dredd, el jefe de policía sea Gorgory (o sea, un tipo que sale con frases como el ladrón es el que roba. Entonces, el que roba es un ladrón.)

En resumen, le he cogido gusto a la bicicleta (aunque no tanto como para ponerle nombre), y a andar por ella en Bogotá (mientras la infraestructura lo permita). Sé muy bien que no siempre se puede contar con la bici, y que el transporte público debe ser siempre una opción (rápida, cómoda, eficiente, limpia y segura, si no es mucha molestia). Pero mientras se pueda, prefiero la bicicleta en lugar de Transmilenio (porque el SITP ni siquiera es una opción) y encontrar al salir ese recordatorio que ya han puesto en varios puentes peatonales: “En bici ya habrías llegado”.

P.D.: la mejor alternativa a comprar una bicicleta eléctrica suele ser convertir una bicicleta convencional. Existen kits hasta por la mitad del precio, incluso empresas que venden estas bicicletas ofrecen la instalación.

Simulando el cubo de Rubik en Excel

Hace ya unos tres años que comencé a estudiar el cubo de Rubik, aquel rompecabezas inventado por Erno Rubik en 1974 y que se convertió en el juguete más vendido de la historia. Coincidió la compra de mi primer cubo (hace muchos más años, uno muy barato y malo en una cacharrería) con la lectura de un artículo de una revista sobre su historia y el hallazgo de métodos para resolverlo y de todas sus curiosidades matemáticas. También descubrí que es una afición muy popular (sobre todo entre coleccionistas) y para muchos, casi un deporte. Así pues, también comencé una pequeña colección de estos rompecabezas:

Mi pequeña colección de cubos de Rubik y sus variantes.

Si bien hay simuladores en línea o para PC, siempre pensé que una buena forma de entender cómo funciona el cubo de Rubik y sus variantes (porque a Rubik sólo puede atribuírsele el clásico de 3x3x3 capas), era poder ver todas sus caras al tiempo (es decir, como un cubo desplegado). Y las únicas aplicaciones que encontré para ver un cubo en 2D eran archivos de Excel, muy ingeniosos pero que se limitaban al cubo de 3x3x3. Así que pensé que podría hacer un simulador 2D de cubos desde 2 hasta n capas. Todavía está en proceso, pero para quien le interese (y tenga sugerencias), el resultado a día de hoy está aquí.

Ejemplo con valor de n=4. Se puede seleccionar cada cara, un punto de la cara (flechas de arriba), y la dirección de giro de la capa (flechas de abajo)

Es más bien un pasatiempo y un repaso de programación que una aplicación ready-to-use, pero permite ver cómo funciona no sólo el cubo, sino los algoritmos que permiten resolverlo o generar patrones.

Cómo girar una matriz cuadrada

Como uso Excel para repasar mis ejercicios de programación, resulta que para poder girar las capas del cubo simulado en Excel necesitaba saber algo que no pude encontrar ni en mis apuntes ni en la web: cómo girar una matriz de n x n (al menos no en Visual Basic). Así que aquí va una propuesta de cómo resolví el problema en Excel a partir de una hoja en blanco y una matriz de 4×4 con los números del 1 al 16:

Girar a la derecha

Sub GirarR()
Dim i, j, n, x, y As Integer
Dim m() As Integer
n = 4 'Este valor se puede obtener de otra forma
ReDim m(1 To n, 1 To n) As Integer
'Girar matriz
x = n
y = 1
For i = 1 To n
For j = 1 To n
m(i, j) = Cells(x, y)
x = x - 1
Next j
y = y + 1
x = n
Next i
'Mostrar en pantalla
For i = 1 To n
For j = 1 To n
Cells(i, j) = m(i, j)
Next j
Next i
End Sub

Girar a la izquierda

Sub GirarL()
Dim i, j, n, x, y As Integer
Dim m() As Integer
n = 4 'Este valor se puede obtener de otra forma
ReDim m(1 To n, 1 To n) As Integer
'Girar matriz
x = 1
y = n
For i = 1 To n
For j = 1 To n
m(i, j) = Cells(x, y)
x = x + 1
Next j
y = y - 1
x = 1
Next i
'Mostrar en pantalla
For i = 1 To n
For j = 1 To n
Cells(i, j) = m(i, j)
Next j
Next i
End Sub