Cambios de prioridades

Una entrada breve para marcar un punto de inflexión sobre las prioridades, no sólo del blog, sino de la vida de quien lo escribe. Por prioridades me refiero a lo que antes había descrito como intereses: juegos abstractos, azar, reflexiones personales, etc. Pero en las últimas semanas he tenido otras motivaciones para interesarme en otras cosas en detrimento de otras que voy a comentar en lo que viene al final.

El ajedrez, por ejemplo. Durante mucho tiempo, el ajedrez fue uno de los pocos refugios que tuve, pero ahora, y sobre todo con los últimos intereses que me mueven, lo estoy considerando casi una pérdida de tiempo. Siempre se ha dicho que el ajedrez es un boxeo mental, y al igual que el boxeo, es una lucha de egos. Ahora no tengo ego suficiente como para buscar endorfinas a base de ganar, o pensar en dejarlo de una vez por todas a punta de perder. El ajedrez se ha vuelto algo que tal vez nunca comprenda del todo, o que de comprenderlo no valga la pena.

Diría alguien que esas son palabras de mal perdedor; diría que son de muy buen perdedor -sobre todo de esa clase de jugador que extrae brillantísimas derrotas de partidas muy ganadas-. No quiero despotricar en contra del ajedrez (tampoco hace falta esforzarse mucho), y seguirá siendo una opción como ejercicio mental, pasatiempo o lo que sea, pero viendo sobre todo el tiempo que demanda convertirse en maestro, viendo a quienes lo practican, a quienes lo consideran signo de superioridad intelectual, y hasta a quienes viven de él, creo que es -sobre todo a la luz de lo que viene al final– una pérdida de tiempo.

Hablando del resto de juegos abstractos y otros, he estado desarrollando un par de juegos basados en cartas coleccionables, uno de ellos también orientado a ser juego de rol en solitario o algo así, pero por ahora es otro proyecto que va a estar aparcado un buen tiempo. Son juegos muy básicos pero que han demandado mucho tiempo, sobre todo porque estoy desarrollándolos sobre la única plataforma de “programación” que conozco: macros en Excel. Si lo que viene al final sale bien, tal vez publique algunos archivos y hasta solicite testers y todo eso.

Sobre el Baloto y otros juegos de azar, nunca tuve la idea de ganar lectores a base de estos artículos, aunque ya me han reportado visitas, resultados en buscadores y hasta un par de comentarios. El Baloto está muy relacionado con lo que viene al final, y probablemente siga siendo fuente de algunos artículos más, pero aunque tuviera una formación matemática excepcional, no creo que sea posible sacar más partido estadístico de algo que, como todo buen juego de azar, hace lo que le da la gana. Hay un par de campos más para estudiar, pero eso dependerá de cómo salga lo que viene al final.

Bueno, ¿y qué rayos es lo que viene al final? Pues ya que estamos en el final, a eso lo he llamado reeducación financiera. Es la base del replanteamiento personal de toda una vida de educación para la dependencia, y de un futuro lleno de incertidumbre. Aunque mi situación financiera es técnicamente buena, el tiempo no pasa en silencio; y no voy a esperar a estar de nuevo en la cornisa para saber si existe algo mejor que lo que tengo ahora, o para saber qué es realmente el dinero. He encontrado muchas cosas sobre las que quiero escribir en próximos artículos, pero sigo buscando opciones de ahorro e inversión diferentes a las que han producido el hipotecado mundo que conozco.

Aún queda mucho por resolver en la base de la pirámide de Maslow. Aquí es donde un objetivo de escribir un blog personal sea pedir consejo al mundo. Y donde mover fichitas* en una mesa se vuelve una imperdonable pérdida de tiempo.

* Sí, yo soy de los primeros que corrigen a quienes dicen fichas en vez de piezas (de ajedrez). Pero en serio, ¿acaso importa ahora?

Religión (I): creer en lo que no sirve para nada

Aviso de responsabilidad para dummies: Blog personal = opinión personal.

No hay otra conclusión posible. Por mucho tiempo que haya dedicado a pensarlo desde cuando se adquiere consciencia del mundo, a pesar de media vida entregada a soportar el adoctrinamiento a través de la culpa y el miedo conocido como educación religiosa, y cuando cada minuto del día viene acompañado de su propia angustia existencial, no me es posible llegar a una conclusión diferente: las religiones no sirven para nada.

Para nada útil y positivo, quiero decir. En estos tiempos de neoilustración y ciberenciclopedismo, es muy fácil preguntarse: ¿”Para qué sirve la religión”?; pero aunque se pueden encontrar muchas respuestas, todas asumen uno de dos puntos de vista: el de quienes defienden a las religiones y el de quienes las cuestionan. Sin embargo, el auge de las ideas de quienes atacan a las religiones, la belicosidad de quienes las defienden y la apatía de quienes las practican, sólo permiten concluir más o menos lo mismo en términos más específicos: la utilidad de la religión para influir positivamente en el desarrollo personal (y por tanto, de una sociedad) es tan baja que su desaparición no convertiría esta sociedad en algo sensiblemente diferente. Con religión o sin ella, mañana será otro día.

Esto iba a ser una entrada de introducción a “Nuevos intereses”, pero en realidad también es un poco un ejercicio de catarsis a costa de hablar mal de la religión. Por mucho que me identifique con sus detractores, sólo quiero resumir mi experiencia con todo aquello que trasciende la realidad tridimensional, como diría algún filósofo de morondanga que conocí; y eso incluye cosas más allá de la religión. Para empezar, voy a responder algunas preguntas que seguramente me harían si creyera provechoso participar de un debate.

¿Qué entiendo por religión? Por muy personal que sea mi opinión, sería como responder a “¿Qué entiendo por fútbol?”“¿Qué entiendo por matemáticas?”. Las cosas son lo que son, y una buena forma de quitarle valor objetivo a una respuesta es comenzarla con frases como “Yo pienso que…” o “Para mí, …”. Así que siendo lacónicos y en modo diccionario: la religión es una actitud del ser humano hacia sí mismo y hacia los demás basada en la creencia en una entidad sobrenatural. Punto.

¿De qué religión estamos hablando? Como la fe parece ser más un asunto de geografía y tradición que de verdad absoluta e irrefutable, me limito a hablar de lo que me enseñaron a creer en esta vida y en este suelo: el cristianismo, y su principal vertiente, el catolicismo. Podría decir muchas cosas sobre otras religiones del resto del mundo, pero como diría aquella amiga de Mafalda, por suerte el mundo queda muy lejos.

¿Cual es su idea de dios? Sí, con minúsculas, porque escrito como si fuera un nombre propio sólo contribuye a la idea de que “sólo existe un dios verdadero”; una violación de patente por apropiación de la marca registrada “Dios”, como si nunca se hubiese hablado de los dioses de chorrocientas mitologías sin que se sepa qué hace más real a uno que a otro. ¿Mi idea de dios? El dios de la biblia. Ese del antiguo testamento que se contradice a cada párrafo con el del nuevo. El que lo ve y lo puede todo y no quiere o no es capaz de hacer nada. El que se ofende si no es adorado y se siente robado si no se le paga un diezmo. El que cuando los demás se empeñan, hace milagros, y cuando algo malo pasa es porque sabe como hace sus cosas. Ese dios.

Pero siendo honestos, es el mejor concepto que tengo de algo que, gracias a quienes hablan de su dios como si quedaran a almorzar con él cada ocho días, no sé qué es. Podría explayarme exponiendo las contradicciones, paradojas y cosas sin sentido sobre la idea de dios, pero nadie me ha explicado nada que no sea un insulto a la inteligencia para demostrar que estoy equivocado. La primera conclusión sobre lo útil de la religión es que muy inútil debe ser una religión que no es capaz de explicar siquiera la idea de dios en la que se basa.

Es que para eso es la fe, dicen unos. Invocar al espíritu santo para leer la biblia, dicen otros. Palabras tan carentes de sentido práctico como “escucha tu corazón” -supongo que no se refieren a usar un estetoscopio-. Obedecer ciegamente lo que dice un libro escrito a pedazos desde hace sesenta siglos. Los devotos viven mejor y son -o se creen- mejores personas que quienes no practican ninguna religión. Dicen. Quisiera creerlo, pero tengo el pequeño problema de vivir en el mundo real, donde el agua no se convierte en vino y no se multiplican los panes ni los peces.

¿Cual es la utilidad práctica de creer en alguna religión? Porque aparte de preceptos de sentido común sobre alcohol y tabaco, de mandamientos y prohibiciones, el único sentido de la religión es conseguir una presunta vida eterna en el reino de los cielos mientras que sus profetas modernos se dan la gran vida aquí en la tierra. ¿Que sirve para tener un sentido de vivir? Eso sólo es posible si primero se inculca en el individuo el sentimiento de culpa por el solo hecho de nacer -el pecado original, que llaman-, y luego el miedo: miedo al pecado, miedo a la muerte, miedo al infierno. Control social de manual a gran escala. Así que por ahora lo dejo aquí, porque me temo que esto va para largo.

P.D.: Gracias a la gente de WTF? Microsiervos, he encontrado una curiosa imagen que no sólo prueba el propósito (o mejor, despropósito) de la religión, sino también es una prueba en cada detalle de ese “amor cristiano” hacia el prójimo que quiera rebatir con argumentos su manera de “pensar”:

¿La perfección de la obra de dios?
¿La perfección de la obra de dios?

Mis sitios personales

Como parte del reaprendizaje del mundo de la Internet post-Geocities y demás, he abierto un sitio personal en un servidor de hosting gratuito, sólo para experimentar. La página principal del sitio es http://wedrey.hol.es/, dentro de la cual también hay un blog (http://wedrey.hol.es/blog/) que será en principio una copia de éste, así como una página wiki personal (http://wedrey.hol.es/wiki/index.php).

Iba a abrir un foro también, pero sería el colmo de la introversión crear un foro unipersonal. La idea del sitio es tener un sitio de experimentos para trabajos relacionados con páginas web por encargo, aclarando que sólo conozco lo más básico de programación y diseño web. Sin embargo, considero útil una página wiki para complementar los análisis que hago en el blog, así como para exponer mis propios temas y proyectos. Y la idea de un blog secundario como espejo de este se debe a querer estudiar las diferencias entre las dos plataformas de WordPress: la .com y la .org.

Sobre esta última, por ejemplo, si quiero crear un artículo de ajedrez, parece más fácil incluir visores de archivos PGN instalando un plugin; algo que por lo menos hasta ahora no he podido consultar cómo se hace en los blogs alojados en wordpress.com, y lo mismo con otros plugins, lo que al parecer pone a esta plataforma en desventaja respecto de otras como Blogger. A experimentar y veremos.

Aunque el sitio está en línea, aún queda mucho trabajo por hacer, sobre todo cuando se pasa de un mundo en que se hacían páginas en Word o FrontPage y se subían a Geocities, a un mundo en el que la tendencia es el HTML5, el CSS3 y el “diseño responsivo” -un diseño unificado y adaptado a PCs, tablets y teléfonos móviles-. Esta última tendencia me reconforta en el sentido de que adopta la llamada filosofía “KISS” (Keep it simple, stupid!), porque si algo necesito ahora es justamente eso: mantener las cosas simples.

¿Qué decir cuando no hay nada que decir…?

En un mundo en el que todos tienen una historia que contar, no sólo hay gente que cree que su opinión es la última palabra, sino también quienes simplemente no tienen nada que decir. Y ahí me incluyo. Recuerdo cuando era joven y creía tener una opinión sobre casi cualquier cosa. Esa época rara entre el auge del PC y el advenimiento de Internet, cuando convivían Windows 95 y las máquinas de escribir, y en la que Encarta 98 era el non plus ultra del conocimiento interactivo. Y cuando literalmente habría matado por acceder a un computador. Ahora, media generación después, con todo aquello inaccesible a mi alcance y para no convertirme en un fósil en pleno mundo de la web 2.0, heme aquí, enfrentado a la página en blanco. Como si realmente no tuviera nada que decir.

Cualquiera diría que alguien que no tiene nada que decir es alguien cuya vida no ha valido la pena de ser vivida. Lo mejor será decir que no hay que exagerar, o la alternativa es empezar a cortarse las venas. También será bueno asumir que no tengo grandes expectativas con un blog, como no las tuve con una cuenta en YouTube. No quiero tener dos mil amigos íntimos en Facebook. No me interesa retransmitir mi vida en Twitter o publicar fotos del espejo en Instagram. Tampoco me interesa “monetizar” un blog, aunque deje de ganar dinero si no inserto publicidad o ayudo a la gente a ganar dinero desde su casa, o publicando refritos de libros de autoayuda o promoviendo ventas multinivel o lo que sea. Mi lógica es simple: foros y blogs bien, redes sociales sin sentido de sociedad, mal. Este es un blog personal y punto. Cuando tenga algo que decir, lo diré. Si sólo a mí me importa, bien. Si a alguien le interesa, mejor.

Alguna vez leí que los extras en teatro, cine o televisión, para simular que están conversando, comienzan preguntándose “¿qué decir cuando no hay nada que decir?”. Y aquí estoy, haciendo el ejercicio de preguntarme qué podría decir, sobre qué podría escribir, haciendo caso omiso de a quién le pueda interesar. Hay mucha información sobre cómo iniciar un blog, incluso para qué iniciar un blog, pero no es lo mismo que saber qué decir en un blog. Afortunadamente los blogs no son de mármol; se puede editar cualquier cosa, y seguramente más de una cosa cambiará. Así que aquí vamos. Aprendiendo a buscar algo qué decir cuando no parece que tenga algo que decir.