5…f5, ¿una variante nueva en la defensa Petroff?

Buscando software que jugara al ajedrez de Capablanca (aquella variante inventada por el cubano campeón mundial en los años 20), encontré el programa ChessV, diseñado para jugar esa y muchas variantes del ajedrez, y cuya última versión, la 2.1, se lanzó en 2017. Sin embargo quise tantear cómo jugaba al ajedrez convencional, y después de 1.e4 e5 2.Cf3 Cf6 3.Cxe5 d6 4.Cf3 Cxe4 5.Cc3 queda planteado el ataque Nimzovich de la defensa Petroff. Hasta aquí, nada raro.

El punto está en que tras 5.Cc3 el programa ChessV responde con 5…f5, una jugada que no aparece en la base en línea de ChessBase, ni en Chess Tempo ni en Wikichess ni en Chessgames.com. Tampoco en las enciclopedias de aperturas ni en bases de datos. ¿Estamos entonces ante una novedad teórica insospechada a estas alturas, o es una jugada tan mala que ni merece ser analizada?

Actualización: según la base de ChessBase para Android, hay cuatro partidas con 5…f5: dos victorias blancas, una de 1912 con 6.Ac4 y otra con 6.De2 (2006), una victoria negra con 6.d4 (2004) y unas tablas de 2010 con 6.Cxe4. Y según Chess-db.com, hay cuatro registros a partir de esta posición, dos partidas con 6.Ac4 y dos con 6.d4, aunque no da más detalles, y con 6.d4 se puede seguir un registro en el que ganan las blancas. De nuevo, sin más detalles.

Todos recordamos la célebre partida Zapata-Anand de 1988, en la que el pobre Vishy, haciendo caso de la burrada consagrada como novedad teórica en el Informator 58, respondió a 5.Cc3 con 5…Af5?? y abandonó tras 6.De2 al ver que perdía una pieza. Sin embargo, la diferencia con 5…f5 es que 6.De2 no parece suficiente por 6…De7 7.Cd5 Df7!?

¿Será que a diferencia del Informator de 1987, estamos ahora sí ante una novedad? ¿Y qué tan mala puede ser realmente 5…f5? Parecería mala por debilitar el flanco del rey y por no ser jugada de desarrollo, pero que una jugada parezca incorrecta en la apertura no hace que necesariamente sea mala, al parecer. O al menos al nivel de aficionado, aunque al no haber partidas para cotejar, tuve que recurrir una vez más a un torneo blitz entre módulos.

Reclutando a los hermanos Fritz (Fritz 13 SE, Fritz 16 y Deep Fritz 13) y a los Stockfish (8 y 10), en un torneo a doble vuelta a 4+2 (porque no tengo toda la vida para esto), los puse a sacar ideas a partir de 5…f5. Además de la paliza de los Stockfish a los Fritz, lo más destacado es que las blancas tienen tres continuaciones: 6.De2 (insistiendo con explotar la clavada del caballo negro), 6.Ac4 (que parece la línea principal) y 6.g3 (una idea residual que parece del gusto de Stockfish 10). Para ver todas las variantes en un sólo archivo fundí todas las partidas en un solo PGN y por eso no se pueden ver las partidas por separado, pero para quien quiera verlas todas están en este archivo.

Es claro que jugando a nivel de módulo, no parece que la variante sea por sí sola buena o mala, pero habría que consultar al respecto a los expertos en la defensa Petroff a ver si se atreverían a jugarla. Se dice que el número de jugadas posibles en ajedrez es inmensamente grande, pero las partidas se van asemejando cada vez más hasta la primera mitad de la partida, por no explorar todas las variantes posibles a partir de las jugadas iniciales. Después de todo lo hecho por AlphaZero, queda preguntar si nos pasamos a variantes más heterodoxas del ajedrez, o si el futuro del ajedrez como deporte entre humanos pasa por poner a las máquinas a buscar novedades teóricas por nosotros.

Ajedrez, tablas y una propuesta basada en el go

Se ha dicho muchas veces que las tablas en ajedrez (así como los empates en los deportes en general) lo hacen cada vez menos interesante para organizadores, patrocinadores y aficionados. Y no sólo las tablas en pocas jugadas (llamadas irónicamente “tablas de gran maestro”), sino también las arduas batallas que terminan en partidas nulas. Sobre todo en los últimos tiempos, con la evolución de la informática se pretende llegar a la perfección técnica en ajedrez, pero el exceso de tablas está acabando con su faceta deportiva.

El problema no es en sí lo que en tiempos de Lasker se llamó “la muerte del ajedrez”: la idea de que la partida perfecta debía terminar siempre en tablas. Así como se decía que los sacrificios y las combinaciones brillantes sólo probaban que alguien se había equivocado, la única forma de alcanzar una victoria en el tablero era cometer o provocar un error. El problema, en mi opinión, es que se parte de una base errada: que desde el comienzo la igualdad en la partida es absoluta, y que el hecho de que las blancas hagan la primera jugada no tiene demasiada relevancia. Lo cual, estadísticamente, es falso.

En casi cualquier selección de torneos de ajedrez, se demuestra una tendencia estadística a favor de las blancas.

En la mayoría de juegos y deportes se asume que quien hace el movimiento inicial tiene una ventaja, y que esa ventaja a largo plazo se traduce en una tendencia. En ajedrez, esa tendencia le da a las blancas más del 50% de los puntos. Por ejemplo, en una selección de más de 291.000 partidas de nivel de GM (Elo medio de ambos jugadores igual o mayor a 2500) a partir del año 2000, las blancas lograron el 55.3% de los puntos (31.5% de victorias y 47.6% de tablas), mientras que las negras sólo puntuaron el 44.7%. Esa proporción es más o menos la que quiero plantear con base en un juego que sí tiene en cuenta la ventaja de salida a la hora de puntuar: el go.

Esa tendencia a favor de las blancas hace que no sirvan cambios como la llamada regla de Bilbao (dar tres puntos por victoria y uno por empate, como en el fútbol), si en caso de tablas ambos jugadores puntúan lo mismo. Aquí es donde entra el go, cuya puntuación está diseñada para no permitir empates. En el go, las negras hacen la primera jugada, por lo que se considera que tienen una ventaja que hay que compensar a las blancas. Esta compensación se da con unos puntos adicionales al final de la partida llamados komi, que suelen ser siempre un número decimal (por ejemplo, 6.5 puntos), y ese decimal por sí solo hace que nunca haya un empate en puntos.

Si bien el valor del komi ha evolucionado con el tiempo, y tenga en cuenta otros factores como la diferencia de nivel entre ambos jugadores,  ha provocado cambios de estrategia en el juego y se ha aceptado como parte de su naturaleza. Si este concepto ya hace parte del go desde 1930, ¿por qué el ajedrez nunca ha asumido esta cuestión estadística? Mi propuesta entonces, basado en las tendencias señaladas antes, es que la partida de ajedrez mantenga su valor de un punto por victoria, pero que las tablas con blancas valgan 0.45 puntos, y con negras valgan 0.55. Veamos cómo afecta esta idea a algunos torneos de ejemplo.

Para empezar, torneos de todos contra todos a doble vuelta, en los que cada jugador juega con blancas y con negras contra cada rival, como los torneos de Candidatos desde 2013. Por ejemplo, el pasado torneo de Berlín de 2018, que ganó Fabiano Caruana, y en el que las blancas obtuvieron el 53.57% de los puntos (12 victorias contra 8 de las negras y 36 tablas):

Torneo de candidatos de Berlín 2018. VB: victorias con blancas, VN: victorias con negras, TB: tablas con blancas, TN: tablas con negras, PP: partidas puntadas.

Ahora, si bien el rendimiento de Caruana (o de Aronian) es incuestionable, una ventaja de este sistema es que es muy difícil que se produzca empates incluso en las posiciones intermedias:

Posiciones finales del torneo de Candidatos 2018 con los sistemas de puntuación tradicional, la regla de Bilbao, y la propuesta de compensación basada en el go.

Otro ejemplo: el torneo de candidatos de 2013, en el que Carlsen y Kramnik empataron en puntos, pero clasificó Carlsen por mayor número de victorias:

Torneo de Candidatos de Chenai 2013, ganado por Magnus Carlsen por haber ganado una partida más (con negras) que Kramnik.

En este torneo hubo una diferencia aun mayor a favor de las blancas: 54.46% de los puntos (15 victorias contra 10 de las negras, y 31 tablas). Según el sistema clásico hubo tres empates en puntos, dos según la regla de Bilbao, y ninguno con la propuesta de compensación:

Posiciones finales del torneo de Candidatos 2013 según los tres sistemas de puntuación.

Actualización: agradeciendo al maestro Leontxo García por haber retuiteado mi propuesta, alguien me hizo la observación de que si dos tablas con negras valen más que una victoria y una derrota, esto podría motivar aún más a hacer tablas. Aunque suena a un enfoque deportivamente raro, haciendo caso de la observación sugiero entonces que se implemente como una mejora de la regla de Bilbao, en la que las tablas valgan 0.90 y 1.10 puntos con blancas y negras respectivamente. Entonces el torneo de Candidatos de 2013 quedaría así:

Torneo de Candidatos 2013 con la regla de Bilbao ajustada: 0.90 puntos para tablas con blancas y 1.10 para tablas con negras.

En este caso, la regla de Bilbao pura habría dejado empatados a Kramnik y Aronian con 21 puntos, pero con la regla ajustada Aronián superaría a Kramnik por haber ganado Aronian una partida más, la idea original de la regla de Bilbao:

Aquí sí se hubiera podido decidir el torneo sin recurrir a los desempates, pues en igualdad de puntos, mayor número de victorias supone mayor número de derrotas. Cabe decir que para que motive de verdad el salir a ganar en torneos de ajedrez, y luchar por una mejor ubicación incluso en puestos intermedios, debería aplicarse como propuesta de puntuación y no como simple sistema de desempate. Faltaría evaluar cómo funciona en torneos de todos contra todos a una sola vuelta, o por sistema suizo. En estos días en que se quieren retomar ideas como eliminar el enroque (aunque la idea original fue de Lasker), este es mi modesto aporte para replantear las tablas y mejorar el enfoque deportivo en el ajedrez.

P.D.:Ya sé que decidí dejar de cooperar en Wikipedia hace mucho tiempo, pero para este artículo he tomado información de la Wikipedia buena (en inglés). Aunque he dejado de enlazarla y a la información usada le he dado formato propio. Algo de derecho me asiste por haber colaborado con mejorar la versión en español (que no española), desde la versión que aún merece algo de credibilidad.

Justamente, el maestro internacional Michael Rahal ha subido un video muy instructivo sobre patrones de mate en su canal de YouTube, recurriendo a uno de mis últimos aportes a la Wikipedia (desde una IP y no desde mi cuenta): la traducción del artículo sobre patrones de mate desde la versión en inglés. Habría tenido que recurrir a la versión en inglés si yo no hubiera tenido mejores cosas que hacer los viernes por la tarde, o en otras palabras, ser valiente.

Si votar sirviera de algo…

…no nos dejarían hacerlo.

Mark Twain

Hoy como cada cuatro años, tenemos elecciones regionales en este platanal. Aquí, en su capital, se va a elegir al sucesor del responsable de que ésta siga siendo, entre otras cosas, la ciudad grande del hemisferio occidental sin un metro o un sistema de transporte masivo decente. Es fácil quejarse de que como ciudadanos no tenemos la ciudad o el país que queremos, pero cuando se revisa cómo está hecho el sistema actual de participación ciudadana, es más fácil entender por qué tenemos el país que nos merecemos.

Se ha dicho mucho acerca de los defectos de la democracia, principalmente que no es más que la tiranía de la mayoría, y sobre todo, de una mayoría embrutecida y que sólo cuenta como una masa -la llamada oclocracia-. Se ha dicho también que aquí la gente vende su voto por un tamal, o que el voto de un ciudadano preparado vale lo mismo que el de un imbécil. Y es una obviedad señalar que un sistema que no produce siquiera seres humanos decentes, no va a generar buenos ciudadanos. Y una sociedad incapaz de engendrar buenos ciudadanos, no va a producir buenos políticos.

Así que en vez de repasar lo obvio, quiero compartir un par de videos acerca de lo que entendemos y lo que era originalmente el concepto de democracia, antes de hacer algunas reflexiones más:

Lo peor que le pudo pasar a la mal llamada democracia es la polarización entre ideologías. La dichosa división entre izquierda y derecha, que a la hora de votar demuestra que para quienes tienen el poder, la opinión del votante importa un bledo. Ejemplos. Colombia, gobernada por la derecha, le pregunta al pueblo en plebiscito: ¿está de acuerdo con el proceso de paz con las Farc? El pueblo (poco más de la mitad) dice “no”. ¿Qué hace el gobierno? Aprobar lo contrario por decreto.

El ejemplo contrario: Bolivia, gobernada por la izquierda, le pregunta al pueblo en referéndum: “¿está de acuerdo con la reelección continua (por dos veces) del presidente? El pueblo (poco más de la mitad) dice “no”. ¿Qué hace el gobierno? En este caso, buscar un fallo judicial bajo pretexto de “violación del derecho humano” a ser elegido. Lo dicho, por lo visto votar significa ceder el poder para que quienes ya lo tienen crean que es un cheque en blanco, pero con la intención de hacerle creer al votante que tiene derecho a elegir. Elegir entre izquierda o derecha, por cuál costado quiere ser atropellado por quienes ya están en el poder.

Por lo mal que funciona la votocracia, las únicas expresiones tangibles del descontento -que no de la voluntad- popular, y por muy traumáticas que resulten, son las manifestaciones. Las más recientes en Chile, Barcelona, Ecuador, Bolivia, o las de cada jueves en Bogotá, son el único medio que tiene verdaderamente el pueblo para recordarle a sus políticos los límites del voto. Marchas, boicots, huelgas, parecen ser medios más eficientes para demostrar el alcance del poder popular. Pero ¿el voto? El voto es un favor, una ilusión del establishment para que el pueblo crea que tiene derecho a elegir, y para más dolor es un deber. El deber de votar -así sea en blanco- para tener derecho a exigir, dicen. Aunque para efectos prácticos no haga la diferencia, y votar sólo sirva para elegir a quién culpar por las decisiones de un pueblo que no sabe votar.

40 m² (adiós, Suba)

Por circunstancias de la vida, la disolución de la familia disfuncional de la que hablé hace un tiempo derivó en haber alquilado un apartamento para vivir por casi año y medio. Y por las mismas circunstancias, esa etapa terminó hace unos días, para dar comienzo a otra en la cual paso de vivir en cuarenta metros cuadrados, a vivir en otros cuarenta metros cuadrados, pero esta vez míos.

Justo en estos días, ha salido un informe de Fedelonjas y el BID, según el cual Colombia es un país de arrendatarios: el 34% de las viviendas en el país se destinan para alquilar (43% en Bogotá), siendo el porcentaje más alto de Latinoamérica. Más allá de las dificultades para acceder a un crédito (empezando por la cuota inicial), muy posiblemente, y sobre todo entre las personas o familias jóvenes persista un sentido de la economía basado en las enseñanzas de Robert Kiyosaki, en el sentido de que pagarle a otros por alquilar algo que no va a ser de uno es más barato que pagar lo mismo en un mismo plazo por algo que sí va a ser propio (al menos a mí no me cuadran las cuentas a la hora de considerar su idea de que una casa es un pasivo y no un activo).

Dicho esto, lo siguiente fue dar el salto de Suba a Usaquén, el “norste” por antonomasia, aunque siga siendo estrato tres y esté en la frontera entre muchas áreas de vivienda multifamiliar nueva y sectores de desarrollo informal. Una de las razones fue buscar una buena zona para ir en bicicleta, y a diferencia de Suba, donde no hay ciclorrutas (que me sirvan) pero sí puertos de montaña, el sector tiene tres ciclorrutas (dos sobre la Autopista Norte y una sobre la carrera 19), mejores vías, y topografía plana. Eso sí, muchos conjuntos de apartamentos pero poco comercio. Técnicamente hay que darle la razón a quienes afirman que son los negocios de barrio (y no los conjuntos cerrados) los que suelen definir un barrio.

Otro punto era no lidiar con quienes creen que, si en Medellín le dicen al metro “ascensor acostado”, aquí a un ascensor se le puede decir “Transmilenio vertical”. Por eso una ventaja de elegir un primer piso (además de tener un pequeño patio privado) es no tener más problemas con los ascensores, ni asumir la tarea de subir cinco, seis o más pisos de edificios sin ascensor, por escaleras que, vaya uno a saber por qué*, no cumplen las normas básicas de diseño. De escaleras o de lo que sea.

Sé que los expertos en finanzas, esos que saben exactamente qué hacer con el dinero de los demás, sabrían qué hacer con el capital para comprar una vivienda -excepto, claro, comprar una vivienda-, pero como necesito un lugar mientras no tenga planeado irme pronto de este mundo, recordé un diálogo de una película de superhéroes (y no soy tan para nada friki), en el que uno le pregunta al otro si se irá a vivir a Brooklyn, y este le responde: “no me alcanza para Brooklyn”. Haciendo las mismas cuentas que seguí para dejar de “alquilar” transporte público y desoyendo por completo a Kiyosaki, decidí seguir el consejo-respuesta del primero de los personajes del diálogo: “un lugar es importante”.

* Todos algunos hay arquitectos que tienen la costumbre de presentar ante las curadurías urbanas un proyecto que cumple sus normas, para luego hacer otro en el que puedan, entre otras cosas, ganar espacio con escaleras más angostas y con abanicos, que no las cumplen. Y pasa porque ni las curadurías cumplen sus propias normas (¿cuántas curadurías tienen escaleras protegidas contra incendios? ¿O parqueaderos?) Si inútil es algo que no modifica la realidad, la burocracia entonces es la cosa más inútil del mundo.

Una nueva bicicleta

No hacía falta quedarse atascado un sábado en un taxi en el trancón de la 170, viendo cómo era rebasado hasta por los carros de paletas, ni saber que Bogotá tiene la tarifa más alta del transporte público (en buses) en Latinoamérica, para convencerme de que lo mejor es la bicicleta para moverse por la ciudad. El único pero, en casi un año de dejar de pagar por viajar como res al matadero, es la parte mecánica. Por problemas mecánicos he perdido unas tres semanas en estos once meses de uso continuo de la bicicleta (eléctrica), pero viendo que al cabo de casi un año prácticamente se pagó sola, y lo difícil de encontrar servicio técnico para las eléctricas de marca, decidí adquirir una bicicleta nueva.

La joya de la corona.

Una bicicleta MTB rin 26 urbana, plegable, con doble suspensión, apta para los ascensores y para las calles de la ciudad, por sí sola es buena opción, pero además con un kit de conversión a eléctrica (porque no sobra un empujón para salir de situaciones críticas), resultó una opción al menos un millón de pesos más barata que muchas bicicletas nuevas no siempre aptas para todos los terrenos. Demasiado pesadas y caras, o demasiado pequeñas, o demasiado fuera de la norma para ser consideradas bicicletas. Lo bueno de los kits es que permiten la conversión y personalización de cualquier bicicleta.

La empresa encargada de la conversión fue Bicielectron, que no sólo vende bicicletas personalizadas (y scooters) e instala kits, sino que ofrece servicio técnico general. Por eso además me cambiaron el manubrio (muy bajo y con poco espacio para accesorios). En su recorrido inicial hice 23.5 km. entre la muy irregular ciclorruta de la Autopista Norte y la titánica de la 170 (lo bueno de tener 21 cambios y no sólo siete). Aunque mi actual bicicleta no ha estado mal para los trajines de los últimos meses (y sigue siendo la primera opción), se nota que el tamaño de las ruedas y la doble suspensión hacen buena diferencia.

¿Por qué dos bicicletas? Porque como ya he dicho, no me gusta que por razones mecánicas tenga que depender del ineficiente transporte público. No es por presumir (hay mejores latas para eso). Y no es una inversión exagerada comparada con una moto o como la que hacen quienes se compran un segundo carro para evadir el pico y placa. Ya he tenido problemas con mi bicicleta actual y ésta surgió de un arrebato por haber pagado 25 pasajes de Transmilenio en diez días. Así que yo prefiero tener mis opciones de movilidad bien cubiertas (tal vez le apueste a un scooter) mientras la ciudad se prepara para seguir discutiendo otras dos décadas si hace o no el metro y soluciona de una vez por todas la problemática del transporte público.

PD1: Ya sé que el mayor problema de la autoproclamada capital mundial de la bicicleta es la seguridad, unida a la inoperancia de las autoridades y al hecho de que los delincuentes no dudan en matar por cualquier lata. Y que vivir en esta ciudad es un acto de fe. Pero nadie se muere la víspera y además, viendo al jefe de policía y su inteligencia, lo mejor que se puede hacer es anticiparse al modo de pensar de otros. Pensar como delincuente, porque pensar como burócrata (uniformado o no) es ofrecerse en bandeja.

PD2: Se habla de los colados de Transmilenio, de que son un 15% (ya quisieran) y de que le causan pérdidas por $222.000 millones anuales (al subir la tarifa, suben las pérdidas también, supongo). Pero al revisar una vez más la relación precio/calidad del servicio y la proporción del precio del pasaje respecto del salario mínimo, también deberían hablar de quienes pagan por no usar el servicio: los que pagan y se bajan en vez de seguir esperando un bus que no llega, o los que pagan para poder salir de un portal mal señalizado.

PD3: Que un asadero de pollos tenga parqueadero para vehículos y no para bicicletas habla de lo mucho que falta para una verdadera world bike capital (aunque esta vez la culpa sea de los comerciantes). Iba a hacerles el gasto una noche pero no se me antojó dejarla (la actual) en la calle cuando me habría conformado con un pedazo de reja dónde amarrar el candado que le piden a cualquiera en un parqueadero. Lo siento, red ember, en otra vida será.

Mundo de tercera: “Que la burocracia los mate a todos”

Una nueva entrega más de mis razones para estar decepcionado del género humano, en particular del Homo colombianensis.

Metro de Bogotá. No es suficiente con vivir en la ciudad más grande del continente sin metro (o un sistema de transporte masivo acorde al tamaño de la ciudad), que además tiene el precio del pasaje más alto de Latinoamérica (de transporte masivo, en proporción al salario mínimo), y que además es la ciudad con más trancones del mundo. No es suficiente con haber elegido dos veces a un alcalde que en comparación con sus predecesores, fue bueno, pero que al hundir la posibilidad de una solución definitiva al problema del transporte público de Bogotá se convirtió en el peor de la historia.

Y no es suficiente porque al parecer la única forma de avanzar (o de huir hacia adelante, que no es lo mismo), es continuar con el legado del mejor vendedor de buses del mundo. Si hubo un proyecto de metro para Bogotá, subterráneo, que costó 120.000 millones de pesos en estudios y que se había dejado en fase de “ingeniería básica avanzada” (o “listo para construir” según la oposición), ahora resulta que en esta época de elecciones para alcalde, todos los candidatos han señalado que, por muchos peros que tenga un proyecto de “metro”, elevado, con menos kilómetros que el subterráneo pero más caro, y al parecer sin estudios de factibilidad, es mejor llevarlo a cabo que perder más tiempo en estudios. El problema es que los estudios contratados en las anteriores administraciones (ocho de esos “12 años de izquierda” a los que el alcalde Peñalosa culpa de lo que sigue sin funcionar en Bogotá) nunca fueron totalmente claros, y no se sabe a ciencia cierta hasta dónde se avanzó.

A punta de creer que hay que “construir sobre lo construido” (¿lo construido por quién?), la gente está tan harta que prefiere que se haga algo aunque sea malo y luego se cuadran las cargas, y aunque sea tan malo que debería construirse en cartón piedra sólo para ver a escala real el adefesio que es la propuesta de Peñalosa. Un metro inviable y una propuesta en la que Transmilenio siga siendo la única opción de movilidad en Bogotá, aunque la gente también esté tan harta que siga prefiriendo el automóvil particular. Pero la gente que no conoce la avenida Caracas y quiere eso mismo por la Séptima, también vota. Por eso he optado desde hace tiempo por la opción de la bicicleta, lo que nos lleva al siguiente punto.

Bicicletas. No es una moda ni una invocación al niño interior. La bicicleta en esta ciudad es para muchos la mejor alternativa al transporte público. Sin embargo hay que saber elegir, y para no dar nombres digamos que el aparato fue una buena elección (una eléctrica usada) pero el servicio técnico es muy, muy malo. Creo que ya quitaron eso de “todo en un solo lugar”, porque eso es justamente el problema: hay que atravesar la ciudad para ir al único punto de la ciudad donde hacen mantenimiento de su propia marca (aunque hay otros talleres que arreglan estas bicicletas). Chévere el ambiente pseudoneohipster, el #bikeconcept y el prestigio de la marca, pero no los precios, la lista de espera de un mes para cambiar un aro, o tener que recordarles que para pedalear en una bicicleta las bielas deben estar opuestas, no formando ángulo.

Si me preguntan, diría que la mejor opción es comprar una bicicleta de llanta grande (rin 26, para las trochas de calles, andenes o ciclorrutas) y convertirla en bicicleta eléctrica. Sale por algo más de la mitad del precio de una eléctrica nueva de rueda pequeña (rin 16 o 20). Más adelante espero hacer una buena reseña de la adaptación de mi última compra.

En esta autoproclamada “capital mundial de la bicicleta” no quedaba bien presumir de los kilómetros de ciclorrutas construidos sin tener en cuenta su estado. Por eso me alegro de que al menos la denuncia del hundimiento de la calzada de la ciclorruta de la avenida Suba con calle 122 se atendió rápido:

Dendrofobia. Hablando del empleado del año de Volvo, el alcalde de Bogotá parece sufrir de una dendrofobia selectiva. Significa fobia a los árboles. O por lo menos parece tener una manía por reemplazar árboles por canchas sintéticas, y justificar la tala de árboles como si Bogotá tuviera un exceso de éstos, así como de zonas verdes naturales. Y encima, tras hacer talas a las tres de la mañana y delegando la concertación con la comunidad en el ESMAD, se hace ahora la víctima. Lo que quería responderle es que nadie lo acusaría de arboricida por talar un árbol que se cayó en el parque del Virrey, sino que lo acusarían de talar árboles sólo donde puede hacer canchas sintéticas, y de descuidar los demás. Pero bueno, ahí queda la idea:

Estafas y telemercadeo. RMI Latam es una empresa dedicada a la estafa por telemercadeo, o algo por el estilo. Parece ser parte de una red de distribuidores de servicios y descuentos que en realidad son el pretexto para engañar a la gente: llaman a la víctima diciéndole que como premio al buen manejo de su tarjeta de crédito le ofrecen el beneficio de posibilidad de eliminar el cobro de la cuota de manejo, siempre que uno adquiera un paquete de “beneficios” por un costo de $520.000 diferido a 36 cuotas, después de lo cual “usted ya no va a tener que pagar nunca la cuota de manejo de su tarjeta”.

Obviamente los únicos que podrían otorgar ese beneficio son los bancos, pero sorprende la cantidad de información que estas alimañas tienen de la gente, que creen que al tenerla son parte del sistema bancario y acceden a darles el resto de la información, aunque sólo tengan una parte con la que no podrían hacer nada. Por supuesto llegué a caer en parte del juego, pero de un modo tal que la “asesora comercial” quedara iniciada. Ellos también acceden a dar parte de su información, y esta es la que dan: Katherine Beltrán, teléfono 4320212, celular 3017187731, calle 60 N° 9-83 Of 213.

Aunque sean muchas las denuncias, sorprende también que estas escorias sigan operando impunemente, pues en todo caso pueden demostrar que la víctima ha dado su consentimiento. Pero sobre todo revela un pobre manejo de la protección de datos que hace el sistema financiero.

Burocracia. Cuando a Sigmund Freud se le permitió salir de Austria en 1938, se le hizo firmar una declaración en la que debía afirmar que ni él ni su familia habían sido maltratados por el régimen nazi. Queriendo decir la última palabra, Freud la finalizó con una frase irónica: “De todo corazón, recomiendo la Gestapo a todos”.

La burocracia es definida como “conjunto de actividades y trámites que hay que seguir para resolver un asunto de carácter administrativo“. Yo había planteado, parafraseando a Clarke, que “toda forma ineficiente y estúpida de hacer las cosas lo suficientemente organizada es indistinguible de la burocracia”, pero encontré una definición mejor:

Ya es bastante que una actividad como la Arquitectura, una de las Bellas Artes, un campo de expresión del diseño y la creatividad, termine metida en el pantano de la burocracia por cuenta de unos arquitectos envenenados con la tinta de los sellos, convertidos en tinterillos y llamados curadores urbanos. Ya es bastante que cuando la policía hace su trabajo de capturar a los delincuentes, se ve saboteada por la burocracia judicial que obliga a liberar a los detenidos por “procedimiento ilegal”. Ya es bastante que haya que hacer filas y pedir turnos para todo, y que todo termine afectado por el “síndrome de banco”: cinco puestos de atención y sólo uno atendiendo a la gente como hace veinte años (hola, Grupo Aval, ya existen los digiturnos).

Pero sobre todo, es indignante y repugnante que la burocracia sea lo que termine degradando e incluso matando a la gente. Sobre todo a la gente que no tiene por qué pasar por estas cosas. No voy a dar detalles, pero ya han pasado dos años de la muerte de un familiar cercano, por causa del cáncer, que por cuenta de la burocracia tuvo que pasar una noche en una estación de policía, estando a varias semanas de iniciar una nueva sesión de quimioterapia, por cuenta de un error burocrático de la fiscalía, de la falta de criterio de la policía, y de que al ser domingo había que esperar al lunes para que abrieran los juzgados.

Dicen que cada quién merece su suerte, que no existe tal cosa como la injusticia, que nadie carga una cruz más pesada que la que puede llevar, y que todos pasamos por lo que debemos pasar. Pero también dicen que todo lo que hacemos tiene consecuencias, y que las malas acciones crean deudas que se tienen que pagar. Luego de recordar esto, y de haber comprobado en persona la incompetencia de la burocracia armada y uniformada, no me queda más que desear no sólo que paguen por sus actos, sino que su redención dependa de un sello faltante o de una fotocopia mal sacada. Antes de que la vida me permita salir de esta ciudad, de este país o de este mundo, quiero hacer una declaración, extendida a todos los enemigos de mi paz.

De todo corazón, deseo que la burocracia los mate a todos.

Permutaciones en matrices (Visual Basic y C++)

Un ejercicio clásico de programación consiste en generar todas las permutaciones de una matriz o cadena de caracteres. Para este último caso en Visual Basic hay una solución que consta de dos procedimientos (uno de ellos recursivo), mientras que para las matrices, echando mano de la Wikipedia buena (en inglés), así como de sitios como rosettacode.org (una Wikipedia de la programación), la mejor solución para generar pemutaciones es el algoritmo de Heap, que puede ser recursivo o no recursivo (como el indicado más adelante, más práctico para permutar matrices):


procedure generate(n : integer, A : array of any):
c : array of int
for i := 0; i < n; i += 1 do
c[i] := 0
end for
output(A)
i := 0;
while i < n do
if c[i] < i then
if i is even then
swap(A[0], A[i])
else
swap(A[c[i]], A[i])
end if
output(A)
c[i] += 1
i := 0
else
c[i] := 0
i += 1
end if
end while

Resolviendo la Estrella Mágica

Estrella mágica de grado 6: la suma de los lados de cada triángulo mayor, y de los números del hexágono interno, debe ser siempre 26. Abajo se muestra una de las 72 soluciones posibles.

Como parte de mi afición por los cubos de Rubik había encontrado hace un tiempo el canal de Cuby, un youtuber aficionado a estos cubos y a los puzzles en general. En uno de sus videos presenta una Estrella Mágica, un acertijo con forma de estrella de seis puntas en el cual hay que colocar los números del 1 al 12, de modo tal que los lados de cada triángulo mayor de la estrella, así como los seis números del hexágono central, sumen 26:

Y aquí entra nuevamente el tema de las permutaciones. Aunque existen soluciones matemáticas para este problema, la primera intención siempre suele ser resolverlo por fuerza bruta, es decir, con un programa que genere todas las permutaciones posibles y muestre las soluciones.

En el minuto 6:58 del video está el código usado por él (C# sobre Visual Studio), y como a mí me colapsó el Visual Basic al querer resolverlo en Excel, me pareció mejor volver al C++ (sobre Dev-C++), y crear un programa que además cuente el número de soluciones. Resulta que aunque hay 479.001.600 permutaciones posibles, sólo 72 solucionan el problema. Adjunto aquí el código fuente y la aplicación generada, con el valor de cada letra del tablero según el esquema de la imagen anterior.

Resolver por fuerza bruta un problema como éste es muy sencillo, comparado con otros como el problema de las n damas, que consiste en colocar n damas en un tablero de ajedrez de n por n casillas, de manera que no haya más de una dama por cada fila, columna y diagonal del tablero, que se complica al resolverlo por fuerza bruta cuando n pasa de 50, y para el cual hay una recompensa de un millón de dólares para una solución polinomial (no algorítmica) con n igual a 1000. Lo que en el fondo no es otra cosa que una solución del problema P=NP: