Si votar sirviera de algo…

…no nos dejarían hacerlo.

Mark Twain

Hoy como cada cuatro años, tenemos elecciones regionales en este platanal. Aquí, en su capital, se va a elegir al sucesor del responsable de que ésta siga siendo, entre otras cosas, la ciudad grande del hemisferio occidental sin un metro o un sistema de transporte masivo decente. Es fácil quejarse de que como ciudadanos no tenemos la ciudad o el país que queremos, pero cuando se revisa cómo está hecho el sistema actual de participación ciudadana, es más fácil entender por qué tenemos el país que nos merecemos.

Se ha dicho mucho acerca de los defectos de la democracia, principalmente que no es más que la tiranía de la mayoría, y sobre todo, de una mayoría embrutecida y que sólo cuenta como una masa -la llamada oclocracia-. Se ha dicho también que aquí la gente vende su voto por un tamal, o que el voto de un ciudadano preparado vale lo mismo que el de un imbécil. Y es una obviedad señalar que un sistema que no produce siquiera seres humanos decentes, no va a generar buenos ciudadanos. Y una sociedad incapaz de engendrar buenos ciudadanos, no va a producir buenos políticos.

Así que en vez de repasar lo obvio, quiero compartir un par de videos acerca de lo que entendemos y lo que era originalmente el concepto de democracia, antes de hacer algunas reflexiones más:

Lo peor que le pudo pasar a la mal llamada democracia es la polarización entre ideologías. La dichosa división entre izquierda y derecha, que a la hora de votar demuestra que para quienes tienen el poder, la opinión del votante importa un bledo. Ejemplos. Colombia, gobernada por la derecha, le pregunta al pueblo en plebiscito: ¿está de acuerdo con el proceso de paz con las Farc? El pueblo (poco más de la mitad) dice “no”. ¿Qué hace el gobierno? Aprobar lo contrario por decreto.

El ejemplo contrario: Bolivia, gobernada por la izquierda, le pregunta al pueblo en referéndum: “¿está de acuerdo con la reelección continua (por dos veces) del presidente? El pueblo (poco más de la mitad) dice “no”. ¿Qué hace el gobierno? En este caso, buscar un fallo judicial bajo pretexto de “violación del derecho humano” a ser elegido. Lo dicho, por lo visto votar significa ceder el poder para que quienes ya lo tienen crean que es un cheque en blanco, pero con la intención de hacerle creer al votante que tiene derecho a elegir. Elegir entre izquierda o derecha, por cuál costado quiere ser atropellado por quienes ya están en el poder.

Por lo mal que funciona la votocracia, las únicas expresiones tangibles del descontento -que no de la voluntad- popular, y por muy traumáticas que resulten, son las manifestaciones. Las más recientes en Chile, Barcelona, Ecuador, Bolivia, o las de cada jueves en Bogotá, son el único medio que tiene verdaderamente el pueblo para recordarle a sus políticos los límites del voto. Marchas, boicots, huelgas, parecen ser medios más eficientes para demostrar el alcance del poder popular. Pero ¿el voto? El voto es un favor, una ilusión del establishment para que el pueblo crea que tiene derecho a elegir, y para más dolor es un deber. El deber de votar -así sea en blanco- para tener derecho a exigir, dicen. Aunque para efectos prácticos no haga la diferencia, y votar sólo sirva para elegir a quién culpar por las decisiones de un pueblo que no sabe votar.