Una nueva bicicleta

No hacía falta quedarse atascado un sábado en un taxi en el trancón de la 170, viendo cómo era rebasado hasta por los carros de paletas, ni saber que Bogotá tiene la tarifa más alta del transporte público (en buses) en Latinoamérica, para convencerme de que lo mejor es la bicicleta para moverse por la ciudad. El único pero, en casi un año de dejar de pagar por viajar como res al matadero, es la parte mecánica. Por problemas mecánicos he perdido unas tres semanas en estos once meses de uso continuo de la bicicleta (eléctrica), pero viendo que al cabo de casi un año prácticamente se pagó sola, y lo difícil de encontrar servicio técnico para las eléctricas de marca, decidí adquirir una bicicleta nueva.

La joya de la corona.

Una bicicleta MTB rin 26 urbana, plegable, con doble suspensión, apta para los ascensores y para las calles de la ciudad, por sí sola es buena opción, pero además con un kit de conversión a eléctrica (porque no sobra un empujón para salir de situaciones críticas), resultó una opción al menos un millón de pesos más barata que muchas bicicletas nuevas no siempre aptas para todos los terrenos. Demasiado pesadas y caras, o demasiado pequeñas, o demasiado fuera de la norma para ser consideradas bicicletas. Lo bueno de los kits es que permiten la conversión y personalización de cualquier bicicleta.

La empresa encargada de la conversión fue Bicielectron, que no sólo vende bicicletas personalizadas (y scooters) e instala kits, sino que ofrece servicio técnico general. Por eso además me cambiaron el manubrio (muy bajo y con poco espacio para accesorios). En su recorrido inicial hice 23.5 km. entre la muy irregular ciclorruta de la Autopista Norte y la titánica de la 170 (lo bueno de tener 21 cambios y no sólo siete). Aunque mi actual bicicleta no ha estado mal para los trajines de los últimos meses (y sigue siendo la primera opción), se nota que el tamaño de las ruedas y la doble suspensión hacen buena diferencia.

¿Por qué dos bicicletas? Porque como ya he dicho, no me gusta que por razones mecánicas tenga que depender del ineficiente transporte público. No es por presumir (hay mejores latas para eso). Y no es una inversión exagerada comparada con una moto o como la que hacen quienes se compran un segundo carro para evadir el pico y placa. Ya he tenido problemas con mi bicicleta actual y ésta surgió de un arrebato por haber pagado 25 pasajes de Transmilenio en diez días. Así que yo prefiero tener mis opciones de movilidad bien cubiertas (tal vez le apueste a un scooter) mientras la ciudad se prepara para seguir discutiendo otras dos décadas si hace o no el metro y soluciona de una vez por todas la problemática del transporte público.

PD1: Ya sé que el mayor problema de la autoproclamada capital mundial de la bicicleta es la seguridad, unida a la inoperancia de las autoridades y al hecho de que los delincuentes no dudan en matar por cualquier lata. Y que vivir en esta ciudad es un acto de fe. Pero nadie se muere la víspera y además, viendo al jefe de policía y su inteligencia, lo mejor que se puede hacer es anticiparse al modo de pensar de otros. Pensar como delincuente, porque pensar como burócrata (uniformado o no) es ofrecerse en bandeja.

PD2: Se habla de los colados de Transmilenio, de que son un 15% (ya quisieran) y de que le causan pérdidas por $222.000 millones anuales (al subir la tarifa, suben las pérdidas también, supongo). Pero al revisar una vez más la relación precio/calidad del servicio y la proporción del precio del pasaje respecto del salario mínimo, también deberían hablar de quienes pagan por no usar el servicio: los que pagan y se bajan en vez de seguir esperando un bus que no llega, o los que pagan para poder salir de un portal mal señalizado.

PD3: Que un asadero de pollos tenga parqueadero para vehículos y no para bicicletas habla de lo mucho que falta para una verdadera world bike capital (aunque esta vez la culpa sea de los comerciantes). Iba a hacerles el gasto una noche pero no se me antojó dejarla (la actual) en la calle cuando me habría conformado con un pedazo de reja dónde amarrar el candado que le piden a cualquiera en un parqueadero. Lo siento, red ember, en otra vida será.