A vueltas con los lectores de RSS

En su momento comenté que el único uso que daba a mi cuenta de Google era el uso de Google Reader, el cuál cerró en julio de 2013, justo cuando me había suscrito ya a un montón de blogs vía RSS. Después de probar varias opciones de entre todas las que aprovecharon el cierre del servicio de Google, por apariencia, organización (y porque no tengo tiempo de probarlas todas) elegí Bloglines, un lector de RSS clásico que amenazó con cerrar en 2010 y que hoy está fuera de línea.

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Netvibes, lector de RSS.

Bloglines ofrecía un servicio entre suficiente y justo lo que buscaba a la hora de reemplazar a Google Reader: un árbol de categorías a la izquierda y vista previa de contenido a la derecha. Por eso descarté otras opciones que sólo mostraban entradas en miniatura o títulos sin posibilidad de ordenar por categorías.

Justamente acabo de enterarme que WordPress tiene una opción para leer blogs, eligiendo la opción Lector (arriba a la izquierda). Sin embargo, sólo ofrece vistas previas de contenido (con la apariencia del escritorio de WordPress) y no permite categorizar las suscripciones.

El problema con Bloglines, al día de hoy, es que su servidor está caído; tanto bloglines.com como dashboard.bloglines.com están fuera de línea. Sin embargo, en Netvibes se puede entrar con las credenciales de la cuenta de Bloglines, crear un archivo .xml de ese escritorio (Cuenta/Salvaguardar datos), e importarlo allí mismo para crear otro escritorio, o en otro lector de RSS.

Como muchos usuarios, prefiero un servicio web en lugar de instalar programas de escritorio o complementos en navegadores de otros equipos. Por eso no me gustaron opciones como Thunderbird, el cliente de correo electrónico de Mozilla, que muestra categorías pero no los blogs de cada una, sólo la vista previa de los contenidos.

La última opción por estudiar era la de alojar un lector de RSS en un servidor web. La única opción que encontré fue TinyTinyRSS, un lector para instalar en servidores FTP, con licencia GPL, y que se puede instalar automáticamente en servidores gratuitos de alojamiento web como Hostinger. Sin embargo, es lento al cargar las fuentes, la apariencia no es muy agradable (aunque se pueden instalar temas), y carece de funciones como marcado automático de entradas leídas. También existen servicios para instalar como NewsBlur, que son de pago.

TinyTinyRSS, lector de RSS alojado en servidor web.

Los feeds son y seguirán siendo una herramienta útil e indispensable de acceder a la información o compartirla, por más que se quiera frivolizar esto último al dar mayor importancia a las redes sociales por encima de los blogs; para muchos usuarios (justamente aquellos cuya opinión es la que más impacto tiene), las redes sociales como fuente de información no son suficientes.

Otra cosa: detrás de todo servicio gratuito en Internet se esconde el objetivo que diferencia a una empresa de una ONG: “si es gratis, podemos cerrar cuando nos dé la gana”. Google consideró que su Reader no era rentable; al parecer Bloglines puede cerrar definitivamente. Aún así, los feeds siguen siendo parte importante de la web, y si algo lo demuestra es que por algo no faltan opciones.

Sociedad del Talión: cuando a ellos les funciona

Por más que se ofendan los prohumanistas, la única respuesta válida a qué debe hacer una sociedad con sus elementos antisociales irrecuperables es la pena de muerte. Después de todo, a los asesinos les funciona.

Comentando en KienyKe.com la actitud de los mexicanos quienes, cansados de la delincuencia y la inoperancia y corrupción de las autoridades,  deciden hacer justicia por cuenta propia.

Más allá de lo ocurrido tras los asesinatos de los caricaturistas de Charlie Hebdo en París (sobre los que no quiero hablar de la falacia del verdadero musulmán), más allá de que en pleno siglo XXI siga imperando la ley del más fuerte, más allá de que la desigualdad social sea el pretexto para la delincuencia y la violación de la ley y el derecho, cada crimen es un fracaso de la sociedad a la hora de hacer valer el respeto a unos derechos fundamentales que con tanto orgullo pretende defender.

En estos países no hay más ley ni justicia que la que se hace por cuenta propia. En cambio, si alguien mata a un ladrón en defensa propia, puede ir a la cárcel por leguleyadas como “uso desmedido de la fuerza”, o los jueces dejan libre a los delincuentes por “falta de garantías” o “no constituye un peligro para la sociedad”, como si creyeran que la ley es la letra menuda del contrato social.

No tiene sentido que una sociedad se organice con base en conceptos de ley y autoridad que luego pretenda interpretar a su antojo. Más allá de la necesidad de un gobierno, no sirve de nada decir que los derechos del individuo terminan donde comienzan los derechos ajenos, si todo es susceptible de interpretación, o si hay que preguntar a los progres si matar por un celular es culpa del coeficiente Gini.

Más allá de saludos a la bandera, de la indignación de los humanistas y los pro-vida, de palomitas blancas y pendejadas simbólicas, todos saben que lo único que cambia las cosas es dejar en claro el mensaje: una sociedad unida tiene que hacerle saber las cosas a ellos: que la ignorancia de la ley no es excusa; que la ley haga pensar dos veces a quien quiera pasarse por la faja el respeto a los derechos ajenos. Que quien se meta con el individuo, se mete con el grupo. Que la cárcel sea un castigo. Y que quien sobre, que no estorbe.

Está demostrado que el castigo funciona, porque les funciona a ellos (“haga lo que digo o…”). Está claro que la pena de muerte es una sentencia disuasoria, porque les funciona a ellos. Hay quienes dicen que en Colombia debería eliminarse la pena de muerte, porque la aplican ellos. En un país que lleva medio siglo sin recuperar el monopolio de la fuerza, donde la ley es un chiste y la justicia un concurso de leguleyadas, está claro que la única ley que funciona es la ley del más fuerte, y que la fuerza está del lado de ellos.

Solucionar la desigualdad como causa de la delincuencia es necesario, pero puede tomar generaciones. Siendo pragmáticos al límite, sólo hay una solución al dilema de qué hace una sociedad con sus elementos antisociales irrecuperables. La misma que intercambia el derecho a vivir de un asesino con el de una persona de bien. La misma que a ellos les funciona.

¿Por qué Excel 2013 es tan lento con las macros?

Ha de existir una muy buena razón para que el software que la mayoría de la gente usa como estándar de facto, exija cada vez más y más recursos de sistema; y al mismo tiempo, sea cada vez más pesado y lento. Por ejemplo, Excel, el gestor de hojas de cálculo de Microsoft. Para muchos nostálgicos, XP  fue la última buena versión de Windows (el sistema de reparación de conexiones de red en las versiones superiores parece diseñado por burócratas), y para los usuarios que recién aprenden a combinar la ofimática con la programación, la última buena versión de Excel fue la 2003. ¿Por qué? Porque a partir de Excel 2007 las macros de Visual Basic no es que sean lentas: se arrastran.

No creo que los brillos de Office 2007 o la interfaz Ribbon justifiquen pasar de 300 MHz de procesador a 1 GHz como mínimo para mover Windows 8 y Office 2013, sólo para seguir viendo a Excel como un programa de hacer tablas. Tampoco explican por qué Excel 2013 tarda el doble que 2003 en ejecutar una macro que implique gran cantidad de datos. Es cierto que hay que tener sentido de economía del lenguaje y buen criterio de diseño al crear macros, pero aun así no hay razón para la diferencia de tiempo en ejecutar una misma macro en dos versiones diferentes de un mismo programa.

Investigando un poco, la lentitud de Excel 2013 en ejecutar macros tiene que ver con medidas de seguridad y cifrado adicionales a partir de la version 2013 (eso dicen, pero en Excel 2007 la lentitud es igual); y por esas razones de seguridad es que Microsoft no parece querer hacer algo al respecto. La mayoría de las dudas de los usuarios tienen que ver con proteger y cifrar hojas o libros, pero también al ejecutar macros que usen datos de una o varias hojas (como algunos ejercicios que he hecho previamente). Por ejemplo, un ejercicio como de primer curso de programación, podría ser el siguiente: ejecutar una macro que llene 100 filas de números aleatorios de tal modo que en cada fila haya 10 números entre 1 y 100, que estén ordenados de menor a mayor, y que resalte en color las celdas que contengan números primos. ¿Qué explicación hay para que Excel 2013 sobre Windows 8, en un core i7 de ocho núcleos, tarde lo mismo o más que en un Pentium Dual-Core con Windows XP y Excel 2003?

Algunas soluciones -debidas a los usuarios, porque a MS parece no importarle un comino-, tienen que ver con la forma en que Excel devuelve en pantalla el proceso de los datos. Por ejemplo, Excel 2013 mejora un poco la velocidad de una macro si su código se escribe entre las líneas:

Application.Calculation = xlCalculationManual

y

Application.Calculation = -4105

y aun así se siente el uso del procesador que hace el PC. Otras líneas de código entre las cuales se puede escribir la macro son:

Application.ScreenUpdating = False

y

Application.ScreenUpdating = True

Como dije antes, Excel no es un programa destinado sólo para hacer tablas o llevar contabilidad básica. Las macros son la mejor forma que muchos usuarios avanzados pueden manipular grandes cantidades de datos. Por ejemplo, como aficionado al ajedrez, me pregunto cómo espera la federación internacional (FIDE) que un usuario revise una base de datos de 486.619 jugadores (a la fecha, y creciendo) desde un archivo de texto, en un programa que no sea Excel. La versión 2003 no sirve porque se quedó en 65.536 filas. Otras suites ofimáticas, como LibreOffice, pueden abrirla, pero al hacer operaciones básicas sin macros como ordenarla, colapsan el sistema, gracias a sus lagunas de memoria (y con todo respeto, LibreOffice Basic es una engorrosa mala imitación de juguete de VB6).

¿La solución? Para mí no hubo otra que instalar Office 2003 en Windows 8.1 (para algo sirve el asistente de compatibilidad). Excel 2003 funciona rapidísimo ejecutando macros, y el compilador de Visual Basic es casi igual a la última versión (7.1) -otra razón que no justifica mucho el cambio. Para hacer tablas bonitas o revisar bases de chorrocientos mil registros, siempre estará ahí la versión moderna.

Por qué los ateos no se ganan la lotería

Pregunta o afirmación, no lo sé. El portal Pulzo.com publicó la historia del ganador del Sorteo Extraordinario de Navidad, el pasado 20 de diciembre. Cómo estamos en Colombia, si alguien se gana la lotería hay que proteger su identidad; por eso la empresa de lotería llamó Juan Gómez (sic) a quien Pulzo llama Andrei Guzmán. De cualquier forma, si creemos en su testimonio, llama la atención lo involucrado que está el concepto de un ser supremo y omnipotente en el plan de premios de uno de los sorteos de lotería más grandes del país.

De entrada, definir el concepto de dios ya es un problema. Para muchos, un genio de los deseos; para algunos, la abstracción de los principios y leyes que rigen y dan orden al universo. Para la gran mayoría, un ser personal, inteligente, amoroso, celoso y vengativo, con las virtudes y defectos de cualquier humano creado a su imagen y semejanza (pero con el prefijo omni- y el sufijo -ísimo). De nuevo, como estamos en Colombia, el dios del que hablamos no es otro que el dios judeocristiano, tan arraigado en este continente que después de cinco siglos no se limita a ser una simple base del deísmo; aquí premia y (sobre todo) castiga, interviene en la vida y la sociedad sin pedir permiso y hasta decide el resultado de un partido de fútbol. Y nadie se gana la lotería sin su divina aprobación.

Revisando el testimonio del ganador del premio de marras, ambos artículos comienzan con la declaración inicial:

“Llevaba 4 meses estudiando el número [el 1713, de la serie 11], hasta que una noche en un sueño Dios me iluminó y tuve una gran revelación. Apoyándome en el ajedrez, en el estudio de los números y las probabilidades lo fui buscando”.

Destacemos este párrafo. Mucha gente ha estudiado “los números”, pero con la “numerología” y su curiosa combinación de conceptos aplicada a los juegos de azar: dios, fe, citas bíblicas, adivinación, universo y diezmo (por cierto, si técnicamente la biblia no condena la lotería es porque no era conocida en la Edad del Bronce). Lo de las probabilidades es obvio, pero por otro lado, ningún ajedrecista vería relación entre un juego abstracto de estrategia y un juego de azar (aunque sirve si hay que meter misticismo como sea). Y sobre la frase “una noche en un sueño Dios me iluminó”, si las discusiones entre ateos y creyentes han demostrado que dios es comprensible sólo por teólogos (o que sólo se revela a un club de selectos elegidos), entonces sí es más probable ganarse la lotería que tener una revelación del dios de Israel.

Es cierto que hay fenómenos que la ciencia no puede explicar (y menos cuando no se le permite observarlos con el método científico), pero por aquello de la navaja de Occam, si es algo que no ha pasado más allá de la mente del observador, lo más probable es que sea mentira (como si la mente no pudiera engañarse a sí misma). La idea de dios permite dar respuesta a cualquier cosa, pero es bueno recordar que hablar con dios es una cosa y escuchar a dios es otra. La segunda parte relevante del testimonio del ganador del sorteo de Navidad dice:

Un mes atrás apareció invertido (el número ganador) en otra lotería, ese día lo visualicé y dije, ese número va a caer. Con mi fe y creencias en las energías y el universo comencé a buscarlo hasta que lo encontré en manos de una humilde lotera de Bosa”.

Esto me recuerda el comienzo de un libro del famoso Método Silva, en el cual su autor hablaba de cómo la Mente Universal le reveló los números de una lotería, de cómo encontró el billete en otro estado fronterizo, y de cómo ganó el premio que necesitaba con ansias para financiar uno de sus proyectos. Y aquí es donde quiero responder (o preguntar) por qué los ateos no se ganan la lotería.

Mucha gente dirá que este es un artículo escrito desde la envidia, y que en este país muere más gente de envidia que de cáncer; tienen razón. Todo esto puede verse como un montón de afortunadas coincidencias por dos razones: porque técnicamente lo es, o porque sería el colmo que lo fuera. Si lo es, sería un desperdicio toda una vida destinada a estudiar ciencia cuando los problemas de la medicina, la política o hasta la meteorología se resuelven por las “energías” o la inescrutable voluntad de dios.

Si fuera cierto que la fe mueve montañas y manipula números aleatorios, entonces no sólo habrá sido en vano todo sentido común aplicado a las probabilidades, sino que los juegos de azar serían la prueba definitiva de la superioridad de la fe y la pobreza de espíritu, sobre la soberbia intelectual de los ateos (incluido un servidor) y aquellos que sólo conocen la energía que se puede medir en joules. Sería el triunfo de la superstición y la fe sobre la sentencia de que la lotería es un impuesto a no saber matemáticas. Por todo esto, más fácil que un ateo ganándose la lotería, es ver a un bienaventurado pobre de espíritu ganándose el Baloto y cruzando el ojo de una aguja hacia el reino de los cielos.

P.D.: “Era ateo, rezó en broma pidiendo un millón de dólares ¡y lo recibió! Ahora es católico.” Esto va en serio.