Sobre la reeducación financiera

Hablar de re-educación es hablar de algo que salió mal desde el principio, de corregir algo sacado abruptamente del camino de lo bueno, lo correcto o lo deseable. Sólo se habla de reeducación cuando forzosamente hay que hacer algo que no hubiera sido necesario de haber funcionado una educación adecuada, o de no haberse hecho demasiado tarde. Igual con un hábito que con una vida entera, cuando uno se da cuenta de que algo no está bien, el primer paso para corregirlo es olvidar todo lo que uno aprendió, y lo que el mundo enseñó y sigue enseñando. Y si el individuo, la sociedad, el país o el mundo funcionan mal, es porque todo lo que han aprendido funciona mal. Y para colmo, es lo que se sigue enseñando. Y por supuesto, mal.

¿Por qué a la enseñanza secundaria que incluye cosas útiles en la vida como dibujo técnico, programación o contabilidad se le dice “bachillerato técnico”, y a la que enseña cosas inútiles como danzas, artesanías o religión se le llama “bachillerato normal”, “académico”, o incluso “educación vocacional”? Llama la atención que la educación sea sólo una forma de adiestramiento para la dependencia, que las finanzas personales no se consideren importantes, y que la única relación de la educación con el dinero sea enseñar las destrezas suficientes para que alguien consiga un empleo y una hipoteca. Es cierto que aquí y ahora la inflación “baja”, el consumo “aumenta” y la economía “crece”, pero el desempleo sigue siendo alto, y no parece que exista una relación entre educación y desempleo, o entre educación y pobreza. O sí la hay. Si la educación en este país tiene un propósito, seguramente sea algo que no tenga que ver con la vida cotidiana.

Prueba de ello es que mucha gente no tiene la menor idea de cómo administrar el dinero ni su economía personal o familiar. Cuando no merece que la estafen, la gente solo sabe ahorrar lo que más pueda, abrir un CDT, o adquirir una hipoteca para comprar una casa, arrendarla y dejar que “se pague sola”. O comprar acciones como las de Ecopetrol, que hoy valen menos de lo que pagaron por ellas en la segunda emisión (“No hay mucho que pensar”, decían; “es Ecopetrol”, decían). Y hablar de “educación financiera” es aun más triste: o nadie sabe lo que es, o sólo los bancos, los especuladores, o los vendedores de autoayuda financiera saben lo que es.

Sobre estos últimos, el más conocido es Robert Kiyosaki. Su mayor logro precisamente fue poner de moda el concepto de educación financiera, al punto de casi asociarla con su obra más famosa, Padre Rico, Padre Pobre. Es un buen libro, pero al tener pocos consejos concretos es más considerado un libro de autoayuda que de finanzas personales. Recomienda aprender a distinguir entre activos y pasivos, y su mayor consejo se resume en que la riqueza se construye invirtiendo en activos que generen ingresos pasivos (aquellos que no requieren del trabajo). Un buen consejo pero no más concreto que “consiga más dinero”. Suficiente para despertar la curiosidad e instar a investigar más, aunque uno se encuentre con la otra cara de la moneda.

Algunos consideran a Kiyosaki un farsante, bien por aprovecharse de sus seguidores, por haber fingido una quiebra para no pagar una deuda, o simplemente porque su logro fue hacerse rico vendiendo libros sobre cómo hacerse rico (como los vendedores de métodos para la lotería). Los “autoayudantes” dicen que cuestionar la relación entre ética y dinero al creer que el dinero es “malo” y que los ricos son “malos”, no ayuda a atraer la prosperidad, pero ejemplos como éste o sus favoritos como Bill Gates, George Soros, entre otros, tampoco ayudan. El nombre del juego es hacer dinero, y es un juego de suma cero: si alguien gana es porque alguien más pierde. Capitalismo darwiniano, que llaman.

Después de saber qué es el dinero, lo lógico es saber luego qué hacer con él. Ahorrar es bueno, pero en este país, las cuentas de ahorro son puro sarcasmo. Rendimientos que no compensan ni las cuotas de manejo, CDTs con rendimiento apenas superior a la inflación (hoy los bancos pagan al año entre el 3 y el 6%), y otras opciones “riesgosas” es todo lo que ofrecen los bancos, que tienen utilidades infames pero siguen abriendo sucursales con diez ventanillas y tres cajeros (porque los servicios financieros son costosos). Supongo que hay otras opciones de inversión pero ningún asesor bancario en horas de almuerzo ha sabido explicarme bien.

Por último, Internet. Más allá del comercio electrónico, publicidad, pagos por clic o juegos de azar, lo mejor que ofrece Internet son dos opciones: Forex (el mercado mundial de divisas) y las opciones binarias. Aparte de Wikipedia, no he podido encontrar una definición imparcial de ambas sin pasar por sitios promocionales o que afirmen que son estafas. Por ejemplo, consideré invertir en opciones binarias hasta encontrar un muy buen artículo que describe lo que pensé desde un principio: que sólo son apuestas con base en los movimientos de la bolsa. Y al parecer Forex es para expertos bursátiles o especuladores en potencia -por más que hablen de odontólogos o amas de casa ganando dinero mientras otros duermen-.

Sé que desde antes de Instagram la gente no lee en Internet, o si lo hace, no lee textos de más de 140 caracteres. O que tener un blog no significa que lo lea alguien. Pero aún así me arriesgo a pedir consejo a la red de redes sobre qué hacer con mi dinero. ¿Alguien me puede recomendar algo? ¿Sin usar palabras como “pirámide”, “multinivel” o “herbalife”? ¿Sin que necesite un Ph. D. en economía y finanzas?  ¿Sin tener que abrir una iglesia cristiana? ¿Sin el riesgo de una condena a 40 años de cárcel? Si alguien sabe algo que yo no sé, en nombre de la inteligencia colectiva de la red se lo agradezco. Porque sobre dinero, francamente tengo todo por aprender. Y esta vez, aprenderlo bien.

Cambios de prioridades

Una entrada breve para marcar un punto de inflexión sobre las prioridades, no sólo del blog, sino de la vida de quien lo escribe. Por prioridades me refiero a lo que antes había descrito como intereses: juegos abstractos, azar, reflexiones personales, etc. Pero en las últimas semanas he tenido otras motivaciones para interesarme en otras cosas en detrimento de otras que voy a comentar en lo que viene al final.

El ajedrez, por ejemplo. Durante mucho tiempo, el ajedrez fue uno de los pocos refugios que tuve, pero ahora, y sobre todo con los últimos intereses que me mueven, lo estoy considerando casi una pérdida de tiempo. Siempre se ha dicho que el ajedrez es un boxeo mental, y al igual que el boxeo, es una lucha de egos. Ahora no tengo ego suficiente como para buscar endorfinas a base de ganar, o pensar en dejarlo de una vez por todas a punta de perder. El ajedrez se ha vuelto algo que tal vez nunca comprenda del todo, o que de comprenderlo no valga la pena.

Diría alguien que esas son palabras de mal perdedor; diría que son de muy buen perdedor -sobre todo de esa clase de jugador que extrae brillantísimas derrotas de partidas muy ganadas-. No quiero despotricar en contra del ajedrez (tampoco hace falta esforzarse mucho), y seguirá siendo una opción como ejercicio mental, pasatiempo o lo que sea, pero viendo sobre todo el tiempo que demanda convertirse en maestro, viendo a quienes lo practican, a quienes lo consideran signo de superioridad intelectual, y hasta a quienes viven de él, creo que es -sobre todo a la luz de lo que viene al final– una pérdida de tiempo.

Hablando del resto de juegos abstractos y otros, he estado desarrollando un par de juegos basados en cartas coleccionables, uno de ellos también orientado a ser juego de rol en solitario o algo así, pero por ahora es otro proyecto que va a estar aparcado un buen tiempo. Son juegos muy básicos pero que han demandado mucho tiempo, sobre todo porque estoy desarrollándolos sobre la única plataforma de “programación” que conozco: macros en Excel. Si lo que viene al final sale bien, tal vez publique algunos archivos y hasta solicite testers y todo eso.

Sobre el Baloto y otros juegos de azar, nunca tuve la idea de ganar lectores a base de estos artículos, aunque ya me han reportado visitas, resultados en buscadores y hasta un par de comentarios. El Baloto está muy relacionado con lo que viene al final, y probablemente siga siendo fuente de algunos artículos más, pero aunque tuviera una formación matemática excepcional, no creo que sea posible sacar más partido estadístico de algo que, como todo buen juego de azar, hace lo que le da la gana. Hay un par de campos más para estudiar, pero eso dependerá de cómo salga lo que viene al final.

Bueno, ¿y qué rayos es lo que viene al final? Pues ya que estamos en el final, a eso lo he llamado reeducación financiera. Es la base del replanteamiento personal de toda una vida de educación para la dependencia, y de un futuro lleno de incertidumbre. Aunque mi situación financiera es técnicamente buena, el tiempo no pasa en silencio; y no voy a esperar a estar de nuevo en la cornisa para saber si existe algo mejor que lo que tengo ahora, o para saber qué es realmente el dinero. He encontrado muchas cosas sobre las que quiero escribir en próximos artículos, pero sigo buscando opciones de ahorro e inversión diferentes a las que han producido el hipotecado mundo que conozco.

Aún queda mucho por resolver en la base de la pirámide de Maslow. Aquí es donde un objetivo de escribir un blog personal sea pedir consejo al mundo. Y donde mover fichitas* en una mesa se vuelve una imperdonable pérdida de tiempo.

* Sí, yo soy de los primeros que corrigen a quienes dicen fichas en vez de piezas (de ajedrez). Pero en serio, ¿acaso importa ahora?