Mis sitios personales

Como parte del reaprendizaje del mundo de la Internet post-Geocities y demás, he abierto un sitio personal en un servidor de hosting gratuito, sólo para experimentar. La página principal del sitio es http://wedrey.hol.es/, dentro de la cual también hay un blog (http://wedrey.hol.es/blog/) que será en principio una copia de éste, así como una página wiki personal (http://wedrey.hol.es/wiki/index.php).

Iba a abrir un foro también, pero sería el colmo de la introversión crear un foro unipersonal. La idea del sitio es tener un sitio de experimentos para trabajos relacionados con páginas web por encargo, aclarando que sólo conozco lo más básico de programación y diseño web. Sin embargo, considero útil una página wiki para complementar los análisis que hago en el blog, así como para exponer mis propios temas y proyectos. Y la idea de un blog secundario como espejo de este se debe a querer estudiar las diferencias entre las dos plataformas de WordPress: la .com y la .org.

Sobre esta última, por ejemplo, si quiero crear un artículo de ajedrez, parece más fácil incluir visores de archivos PGN instalando un plugin; algo que por lo menos hasta ahora no he podido consultar cómo se hace en los blogs alojados en wordpress.com, y lo mismo con otros plugins, lo que al parecer pone a esta plataforma en desventaja respecto de otras como Blogger. A experimentar y veremos.

Aunque el sitio está en línea, aún queda mucho trabajo por hacer, sobre todo cuando se pasa de un mundo en que se hacían páginas en Word o FrontPage y se subían a Geocities, a un mundo en el que la tendencia es el HTML5, el CSS3 y el “diseño responsivo” -un diseño unificado y adaptado a PCs, tablets y teléfonos móviles-. Esta última tendencia me reconforta en el sentido de que adopta la llamada filosofía “KISS” (Keep it simple, stupid!), porque si algo necesito ahora es justamente eso: mantener las cosas simples.

Nuevos intereses: juegos (ajedrez, go, póquer y otros)

Otro interés que quiero tratar en mi blog (porque para eso es mío) es el de los juegos; aunque no exclusivamente juegos de mesa, posiblemente sí la mayoría, principalmente juegos abstractos (ajedrez, go, etc.), y también otros en los que tengo interés reciente: póquer, juegos de cartas coleccionables, juegos clásicos, entre otros. Incluso, por qué no, tal vez publique algunos diseños propios o modificaciones personales de otros juegos.

Leí hace poco un consejo sobre para qué hacer un blog: “si quieres aprender algo, enséñalo”, pero acerca de los juegos no creo que tenga esa intención. Creo que ya hay suficiente material en Internet sobre estos temas que tampoco es que domine perfectamente. Al menos no quiero repetir la experiencia que tuve con mi canal de videos en YouTube. Hacer videos de ajedrez con Loquendo y un capturador de pantalla es bastante dispendioso, lo que unido al poco tiempo y las prisas por publicar, hacen que vistos después de mucho tiempo, los resultados no me complazcan del todo. Después de la nefasta compra de YouTube por parte de Google, al no poder entrar a la cuenta que creé sin tener que crear una cuenta de Gmail que no quiero, luego de una tensa y tirante relación de amor y odio con Caissa y su creacion, e incluso después de una absurda reclamación de copyright por usar la obertura 1812 de Chaikovsky, decidí cerrar la cuenta y dejar que se perdieran los videos de ajedrez que había hecho desde 2007. Aunque los videos no están perdidos: han sido subidos por dos usuarios a sus canales: uno subió casi todos los estudios y problemas, y otro los tests (el material subido por este último usuario me hizo pensar que en cuanto a calidad no tendría nada que hacer).

Los videos de ambos canales son la última copia de mi trabajo, porque no tengo copia ni de los videos ni de los archivos de voz o texto para hacerlos. Es un halago y un motivo de gratitud que se hayan interesado en ese material, pero lo cierto es que necesitaría una motivación exageradamente grande para querer hacer algo así otra vez. Por cierto, el único uso que le daba a la cuenta que Google me obligó a crear era el Reader para leer blogs, que como sabrán Google cerró por “falta de rentabilidad” o algo así; un motivo más para odiar mi experiencia con el YouTube post-Google. Volviendo al ajedrez, lo que hice en YouTube fue buscar algo diferente y original dentro del material disponible en Internet pero que no estuviera en video. Ahora que pienso volver al “formato texto” de los blogs, mi idea con respecto a los juegos no es aleccionar ni publicar refritos, sino cosas diferentes y ocasionales desde mi punto de vista; nada de teoría avanzada ni copy-paste, simplemente mi opinión.

Sobre otros juegos de mesa, conozco el póquer (o como se escriba, porque la Academia no admite “póker”) por la gran difusión que tiene, y recién estoy aprendiendo a jugar al go, por cierto, palabra muy simple que se confunde con la palabra inglesa go, y que por eso se complementa con el nombre chino (weiqi) y el coreano (baduk). Es una lástima que sobre el go no exista siquiera la mitad del material disponible en Internet para aprender en comparación con el ajedrez, menos en español, y mucho menos en videos. Hay buenos blogs pero no están muy enfocados en los principiantes; porque a pesar de que el go tiene reglas muy simples, es incluso más complejo que el ajedrez (por cierto, son muy comunes las comparaciones e incluso comentarios como “si le parece difícil el ajedrez, pruebe el go y luego me cuenta”). También me interesan juegos abstractos de creación reciente como el abalone, los juegos del proyecto GIPF. los juegos de cartas coleccionables, juegos de rol en solitario, e incluso algunos proyectos de juegos de diseño propio.

Sobre los videojuegos sólo puedo decir que mi interés está más que todo en el mundo de lo arcade y de los 8 bits. Me interesa más el proceso de diseño de un videojuego, la forma en que se convierten conceptos básicos en herramientas de juego: cómo hacer que una raya se deslice de izquierda a derecha para golpear una pelota, cómo combinar la idea de un laberinto y una esfera glotona,  o cómo hacer interesante usar una honda, cauchera, tirachinas o como se llame, para golpear a unos cerdos lanzándoles unos pájaros cabreados. El tema de los juegos es demasiado amplio y como dije, el propósito de mi blog no es publicar tutoriales o refritos, sino simplemente lo que vaya saliendo a medida que voy experimentando con mis cosas de interés.

Replanteando el derecho a la intolerancia

En su segunda acepción, el diccionario de la Real Academia Española define tolerar como “permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente”, mientras que Wikipedia define tolerancia (social) como “el grado de aceptación frente a un elemento contrario a una regla moral”. En sí mismas, estas definiciones no son sinónimo de indiferencia o indolencia, por lo que se asume que son una actitud deliberada frente a hechos concretos como la diversidad de carácter y pensamiento dentro de una sociedad. Tampoco equivale a impotencia, en el sentido de aguantar lo que no se puede cambiar. Así que la tolerancia se puede definir como una actitud de respeto de un individuo hacia aquello en la sociedad que es diferente a su criterio personal de ética y moral.

Hasta aquí no hay objeción a nada: el respeto al derecho ajeno, la innegable heterogeneidad de los grupos sociales, la libertad de expresión y de pensamiento, la premisa de que, con el límite de los derechos ajenos, el individuo es libre de hacer con su vida lo que le plazca, todo es aceptable dentro de la definición de tolerancia. El problema está en querer incluir aquí lo que está más allá de los derechos individuales, que es abiertamente contrario a las normas y las leyes, que se proclama como derecho pisoteando los derechos de los demás, y que es simple y llanamente intolerable. Y aunque la deformación del lenguaje hacia lo “políticamente correcto” quiera incluir ciertas actitudes dentro del concepto de tolerancia, terminan definiendo justamente aquello que, al comenzar este artículo, aclaré que no eran sinónimos: indiferencia, indolencia e impotencia.

Como dije antes, hablo desde mi punto de vista de ciudadano común y corriente; así que pongamos un ejemplo muy cotidiano: el ruido. Oír música está dentro de los derechos individuales protegidos por la Constitución, pero como en una sociedad de derecho todo está regulado por leyes y normas, hay límites y criterios basados en el sentido común y en el respeto de los derechos de los demás frente a los derechos del individuo. Es decir que para lo que afecte a los demás hay normas, lugares, horarios, etc. Entonces, ¿cómo definen los medios o las autoridades una reyerta entre vecinos por un caso de música a todo volumen a altas horas de la noche? Como un problema de intolerancia. Que si la autoridad local no es capaz de hacer su trabajo e imponer orden, se convierte en un problema de indolencia (o incompetencia). Y si la gente no puede hacer nada para solucionarlo, termina siendo un problema de impotencia.

Hay quienes dicen que nada ni nadie puede imponer límites a las libertades individuales. Por ejemplo, en Bogotá, hay una norma que impide la circulación de vehículos en ciertos días según el último número de su placa. Los anarquistas y ultradefensores de las libertades aseguran que es una norma represora y anticonstitucional, que refleja más la incompetencia del gobierno local en mejorar la movilidad urbana. También podrían argumentar que la Constitución permite por ejemplo, que todo ciudadano colombiano puede irse a vivir a San Andrés porque simple y llanamente es territorio colombiano, aunque la realidad y el sentido común imponen unos límites no deseables si un número suficiente de ciudadanos decide ejercer tal derecho constitucional. Muy curioso es que quienes quieran pasarse los límites del sentido común y el derecho ajeno lo hagan invocando el derecho a la tolerancia. Volviendo al ruido, son muchos los problemas que generan al respecto las iglesias cristianas (sobre todo aquellas “de garaje”), pero son las primeras en invocar el derecho a la tolerancia (siempre que no empiecen por el derecho a la libertad religiosa). Porque todo el mundo sabe que estar en contra de una iglesia ruidosa es estar en contra de la libertad de culto, o que no es posible exigir el respeto a las normas sin pisotear los derechos individuales.

Otro despropósito del lenguaje políticamente correcto es llamar a ciertos lugares donde impera la impotencia, la indolencia, la incompetencia y la inconsciencia de una sociedad justamente como “zonas de tolerancia”. Cada vez que oigo hablar de faltas de respeto a las normas y las leyes donde no toca como “falta de tolerancia”, me digo: “no sabía que esta era una zona de tolerancia”. Posiblemente sea lo que haga falta: dividir a la sociedad en zonas de tolerancia para cada tipo de libertad individual que se quiera ejercitar. Que quien guste del ruido se cree su propio guetto con la apología musical a la felonía que prefiera a todo volumen. Que si sólo el individuo es dueño de su propio cuerpo y quiera hacer de su capa un sayo y de su trasero una piñata, pues que dentro de su área de “tolerancia” se quede. Y que dejen en paz a los demás, que para algo tiene que valer la tiranía de las mayorías en que se ha convertido el chiste llamado democracia. ¿O la mayoría son ellos?

A veces es más fácil sacar lo peor que lo mejor de la gente. Por ejemplo, revisando el tema de las enciclopedias en línea, me encuentro con una que por muy radical, absurda, delirante y hasta ridícula que parezca, por causa del exceso de “tolerancia” no deja de ser cuanto menos intrigante: la Metapedia (enlazo a Google y no a la página principal por aquello de no incluir enlaces a sitios apologistas del odio y cosas por el estilo). Es un sitio al que muchos definen como la “Wikipedia nazi”, una enciclopedia apologista del fascismo, el racismo, el antisionismo y otros prejuicios que pueden ser definidos como intolerancia. De hecho, son la verdadera intolerancia, pero al menos se esmeran en sus justificaciones elaboradas dentro de la lógica y el sentido común (otra cosa es cuando apelan a argumentos como el “orden divino de las razas” y similares). Para evitar ser malinterpretado, veamos un ejemplo.

Los vecinos ruidosos son mal común en casi todo el mundo, y por supuesto España no es la excepción. Y si encima llega gente de fuera que, en lugar de hacer lo que vieres a la tierra que fueres, decide importar su propio sentido del “orden” y el civismo de la tierra que viene, pues pasa lo que tiene que pasar. Y si parece normal exigir el respeto básico a las normas de la sociedad de la que se pretende hacer parte, se invoca de inmediato el racismo y la intolerancia (hubiera querido no buscar entre material apologista de nada, pero no tuve opción). Seguramente porque es una cuestión racial: hay razas que respetan las normas y razas que no. Ahora, cuando se puede ver todo eso sin salir de la cuadra (y todo en nombre de la tolerancia), es porque algo anda muy mal. La tolerancia no es carta blanca para nada. Tampoco las normas y las leyes son un capricho, sino que están justamente para hacer valer los derechos individuales. El equilibrio entre libertades y leyes forma lo que se conoce como convivencia: puedo hacer lo que mis derechos me permiten dentro del límite del respeto a las leyes y los derechos de los demás. ¿En verdad es tan difícil de entender?

Para terminar (porque se me fue la mano con el artículo pero no voy a recortar nada), quiero preguntar cómo se evita que la tolerancia se convierta en indiferencia o impotencia. Muchos pueden decir que semejante actitud proviene de creer que uno vive en una torre de marfil color rosa, donde la basura va en las canecas y los postes no son letrinas públicas. Pues si el gobierno elegido por el pueblo no tiene suficiente fuerza coercitiva para hacer valer las normas y las leyes (es decir, para hacer valer los derechos del pueblo que les dio mandato), entonces que quienes quieran trasgredir dichas normas creen su propia “zona” en donde todo valga en nombre de la tolerancia. Y que se mantengan allí y sólo allí, respetando a los demás el derecho a la intolerancia con lo intolerable.

Software para la lotto: Magayo

Con este artículo inicio una serie dedicada a los programas que conozco para gestionar y analizar las loterías tipo lotto y mis experiencias analizando el Baloto. Aunque no sea el primer programa que he usado, el primero que voy a mencionar es Magayo Lotto, un programa para loterías tipo lotto y pick-3/pick-4 producido por la empresa Magayo Soft. El objetivo del programa es seleccionar números para ser combinados en ruedas (“wheels”), sin ofrecer la opción de generar combinaciones sueltas. Para quien quiera saber lo que son las ruedas o reducciones, puede consultarlo aquí.

Licencia y requisitos

El programa está disponible por ahora para Windows XP o superior, con entorno Java 1.6 o superior. Una vez instalado, es necesario registrar el programa para obtener un número de licencia, que cuesta unos 13 USD para una licencia individual. El programa se conecta automáticamente a Internet para buscar actualizaciones de software y resultados.

Importación de resultados

El programa viene con unas loterías preinstaladas pero dentro de ellas no estaba el Baloto. Se pueden crear loterías propias, pero hay que insertar los resultados uno por uno, y como no tenía intención de digitar 1277 resultados, tuve que enviarles el archivo de texto para que crearan la base del Baloto y finalmente lo soportaran. Este soporte está incluido en la actualización 3.3.0 built 8 del 19 de julio, por lo cual me he ganado el agradecimiento de los autores (“with special thanks to our customer in Colombia for providing the details”), algo que muchos compradores de otros países han hecho para usar el software con sus loterías favoritas. Otro hecho que me atañe fue haber evitado que el Baloto quedara soportado como “Columbia Baloto”, gracias a un sutil enlace a #ItsColombiaNOTColumbia.

Consulta de resultados

El programa muestra los resultados en orden cronológico, y permite consultar resultados seleccionando seis números en la pantalla de consulta, para saber si la combinación es ganadora:

Resultados
Magayo: resultados

Estadísticas

En el menú Statistics, se muestran las estadísticas principales de cada lotería, ya sea como tablas, gráficos de barras o patrones (filas que representan sorteos y columnas que representan los números, con celdas para los números sorteados marcados en rojo). En esta lista vamos a omitir las vistas de “Pattern” (patrones). Las estadísticas que toma en cuenta el programa son:

  • Odds of winning: en el caso del Baloto, muestra la probabilidad de acertar 6 números de entre 25 números (1 en 177.100) y 45 números (1 en 8’145.060)
  • Ball Frecuency: muestra la frecuencia de todos los números, con la opción de elegir las fechas de un intervalo específico
  • Group Frecuency: permite dividir los 45 números del Baloto en grupos de entre 2 y 21 números, y ver cuántos números de cada grupo salen en cada sorteo. Por ejemplo, si dividimos los 45 números en grupos de 5 y elegimos todos los sorteos jugados, a la fecha los números del grupo entre 1 y 5 son los que más han salido, un total de 880 veces (11,48%)
  • Last Digit Frecuency: muestra la frecuencia de los números jugados con base en el último dígito. A la fecha los números terminados en 3 han sido los más frecuentes: 865 veces (11,28%)
  • Lapse Frecuency: número de sorteos que tienen que pasar entre cada aparición de un número (algo así como las tardanzas). El programa engloba las tardanzas mayores e iguales a 30 en un mismo conteo
  • Current Lapse: muestra la tardanza específica de cada número (Current Lapse) y la tardanza hasta el próximo sorteo (Lapse in Next Draw), que no es más que sumar +1 al valor anterior.
  • Odd an Even Frecuency: la típica muestra de números pares e impares
  • Low and High Frecuency: cantidad de números altos (mayores de 22) y bajos por combinación

Análisis

En el menú Statistics, la primera opción (Recommended Balls), es la que muestra el objetivo del programa: seleccionar números según las estadísticas anteriores, para combinarse en ruedas o reducciones. El programa analiza frecuencias, patrones, intervalos o grupos de números y luego elige los números según esos análisis:

Magayo: opciones de análisis
Magayo: opciones de análisis

En el menú de opciones elegí también la última opción (recomendar la menor cantidad de números si es posible), aunque según los expertos (si tal cosa existe) es que es preferible combinar más números, y que es posible hacerlo con menos combinaciones. Algo importante es que, a diferencia de otros programas, si se mantienen las mismas opciones de análisis, los resultados son los mismos. Después de elegir los patrones que debe analizar el programa, con la opción View se muestran los números recomendados:

mayago03numbers

Generar combinaciones

Los números generados por el análisis se pueden guardar para ser usados con las opciones del menú Play: generar combinaciones aleatorias (Random Play) o reducciones (Wheels), o se pueden elegir otros números.

Luego del análisis con los resultados a la fecha, los números recomendados para el próximo sorteo son 16: 7,8,9,14,15,16,17,19,21,22,24,27,41,42,44,45. Ahora el programa ofrece dos opciones para utilizarlos:

  • Random Play: con esta opción se pueden crear combinaciones aleatorias que incluyan entre 1 y 9 números de los elegidos por el programa (“Main Balls”) para cada combinación. También se puede elegir cuántos números pares o impares llevan las combinaciones
  • Wheels: En esta opción se eligen cuantos números se van a combinar para reducir (en nuestro ejemplo, 16), cuántos números de los seleccionados van en cada combinación (en este caso elijo 6), la cantidad de números que deben coincidir con los del sorteo (5), y la garantía, es decir, la cantidad de aciertos que se obtendrán si los números del sorteo están dentro de los números seleccionados por el programa (que con los valores anteriores sólo puede ser de 4 aciertos)
Magayo: creación de reducciones
Magayo: creación de reducciones

Con los valores del ejemplo, el programa genera 54 combinaciones. Es necesario aclarar dos cosas: la primera, que básicamente una reducción consiste en elegir varios números y crear combinaciones con ellos de tal modo que, si los números del sorteo están dentro de nuestros números elegidos, la reducción nos garantiza n aciertos. Por ejemplo, esta es una reducción en la que se eligen 18 números para “reducirlos” de 18.564 combinaciones a “sólo” 7, y en la que tenemos una garantía de 3 en 6, es decir, que si los 6 números del sorteo están dentro de nuestros 18 números, tendremos la garantía de un premio de 3 aciertos:

Ejemplo de reducción de 18 números con garantía de 3 aciertos
Ejemplo de reducción de 18 números con garantía de 3 aciertos

Esta es una reducción de “papel y lápiz”, en la cual si se escriben en la primera fila los números seleccionados, se escriben luego en las celdas claras los números correspondientes, y luego se unen al final los números de cada combinación.

Lo segundo que hay que tener en cuenta es que el programa calcula las reducciones con hasta 5 números del sorteo y no 6, y que (en teoría) la garantía máxima de las reducciones que genera es de 4 aciertos, lo cual no parece a primera vista suficiente para compensar el gasto necesario para todas las combinaciones. Por ejemplo, un premio de 4 aciertos pocas veces llega siquiera a $100.000, con lo cual no se compran ni 20 combinaciones (o 13 con revancha). Pero como el programa permite  incluir entre 4 y 6 números preseleccionados por combinación, se pueden usar los demás para completar las combinaciones, aunque el número de combinaciones aumenta. Todo esto es motivo de experimentación, y en los siguientes posts de esta categoría estaré comentando mis resultados.

Nuevos intereses: lotería, probabilidad y azar

Lo primero que digo al iniciar un blog es que me importa más tener algo que decir que tener quien lo lea, y mi primera idea para vencer a la página en blanco es hablar de loterías. Un típico tema para ganar presencia en los buscadores; porque en todos lados hay amantes del dinero fácil, y soñadores a los que el dinero difícil les está sabiendo a m… Así como la única gente feliz y realizada con los libros de autoayuda es la que los escribe, parece que los únicos que ganan dinero con la quimera de ganarse la lotería son los escritores de libros o programadores de software. Escriba libros cortos con letra grande y mucho espacio en blanco, rematados con obviedades, o libros digitales de 99 centavos, o venda programas que sepan contar como si pudieran ver el futuro, o de los que aciertan resultados anteriores teniéndolos a la vista, y ya tendrá presencia garantizada en Internet.

Hay muchas formas de ver algo como la lotería: como un campo de estudio matemático o como un pecado; como una tabla de salvación, un camino a la perdición en la forma de ludopatía, o como simplemente un juego. También se puede ver como “un impuesto a quienes no saben matemáticas” (y más en un país donde la formación en matemáticas es deplorable) o como una trampa del Estado en la que todo está manipulado. Como siempre he estado interesado en el tema del azar y las probabilidades, (y a pesar de mi escasa formación en matemáticas, debo aclarar) yo prefiero verlo desde ese punto de vista; y más cuando alguna que otra vez he ganado algo más que un reintegro. Sin embargo no hablo propiamente de todas las loterías o juegos de azar que existan, sino de una en particular, el Baloto (la lotto 6/45 estándar que se juega en Colombia), porque el resto de loterías hacen honor al principio de que uno tiene la misma probabilidad de ganarla jugándola o no (la disponibilidad es limitada aunque la probabilidad sea mayor).

Todas las loterías, ya sean tipo lotto (como el Baloto) o tipo pick-3 o pick 4 (como la lotería convencional o juegos como el chance), han despertado interés entre ensayistas, matemáticos, sistemistas y gente común y corriente a la que he decidido unirme para comentar mis experiencias con libros o software. Tal vez haga artículos como los hechos en otros países sobre otras loterías (como éste sobre la MegaMillions) o comente algún libro o programa. Tal vez admita comentarios o los cierre para evitar el spam o el nivel de lo que la gente comenta en otros blogs. Ya veremos.

La reivindicación de las mediarquías: “Que viva el estrato 3”

Bogotá es una ciudad en la cual la expresión “si las paredes hablaran…” no tiene sentido: aquí las paredes hablan para quien sabe leer en ellas el reflejo de su gente. En un muro del centro me encuentro con un póster que empieza diciendo: “Porque para los de un lado hay SISBEN y para los del otro hay prepagada”  y la pregunta: “¿Y nosotros qué?”. Y por supuesto, para saber quiénes son “nosotros”, el enlace de marras: http://www.quevivaelestrato3.com/. Cuanto menos una curiosa campaña, iniciativa, publicidad, campaña de expectativa o lo que sea, pero que de algún modo busca reivindicar a quienes no pueden pagarlo todo pero tampoco tener subsidios; es decir para quienes no son (somos, dice la letra) oligarquía ni proletariado: el estrato 3.

Posiblemente el asunto no dé para hablar de la eterna lucha de clases, ni siquiera para redefinir el concepto de “estrato 3” o “clase media”. Recuerdo que El Tiempo publicó hace mucho un artículo titulado “Estrato 4: la verdadera clase media”, donde decía que los bogotanos de estratos entre 3 y 5 se consideraban de clase media, y que por lo tanto la verdadera clase media estaba en el “justo medio”: el estrato 4. Sin embargo, habla de ese 3% o menos de la población de la localidad de Kennedy, al sur, que según Planeación Distrital, estaba dentro del estrato socioeconómico 4, en un reducto donde los parques tienen árboles y los garajes son para guardar carros y no para mejorar la economía familiar. El artículo comienza diciendo que todos en este país se consideran de clase media, incluso la gente de clase alta o baja. Añadiría yo que unos lo hacen por demagogia y los otros por arribistas. Como aquella definición de persona promedio: la que todos pensamos que no somos.

Digamos que el estrato está definido en lo que diga el recibo de algún servicio público, y ya. Ahora bien, volviendo a la campaña, el “pensamiento de grupo” habrá hecho que mucha gente se una a su grupo en Facebook, por ejemplo, pero también que muchos cuestionen la seriedad de sus reivindicaciones. ¿Que si no es Sisbén o medicina prepagada? ¡Para eso están las EPS! O que ser de estrato 6 no es garantía de no ser pobre, o que la alternativa a trabajar para los demás -o hacer que los demás trabajen para uno- es trabajar para uno mismo en lugar de depender de Papá Estado. Incluso algunos dirán que el asunto no va tan en serio al ver las otras proclamas: “Porque para los de un lado está la flecha y para los del otro hay smart phone (sic)”, o “Porque para los de un lado hay Melgar, y para los del otro hay Miami”. Sobre esta última cabe decir que su autor parte de la base de que Miami es para gente de clase alta (es decir, que no es el “Melgar gringo”), lo que prueba el dicho de que “en este país, la clase trabajadora no tiene trabajo, la clase media no tiene medios, y la clase alta no tiene clase”.

 

¿Qué decir cuando no hay nada que decir…?

En un mundo en el que todos tienen una historia que contar, no sólo hay gente que cree que su opinión es la última palabra, sino también quienes simplemente no tienen nada que decir. Y ahí me incluyo. Recuerdo cuando era joven y creía tener una opinión sobre casi cualquier cosa. Esa época rara entre el auge del PC y el advenimiento de Internet, cuando convivían Windows 95 y las máquinas de escribir, y en la que Encarta 98 era el non plus ultra del conocimiento interactivo. Y cuando literalmente habría matado por acceder a un computador. Ahora, media generación después, con todo aquello inaccesible a mi alcance y para no convertirme en un fósil en pleno mundo de la web 2.0, heme aquí, enfrentado a la página en blanco. Como si realmente no tuviera nada que decir.

Cualquiera diría que alguien que no tiene nada que decir es alguien cuya vida no ha valido la pena de ser vivida. Lo mejor será decir que no hay que exagerar, o la alternativa es empezar a cortarse las venas. También será bueno asumir que no tengo grandes expectativas con un blog, como no las tuve con una cuenta en YouTube. No quiero tener dos mil amigos íntimos en Facebook. No me interesa retransmitir mi vida en Twitter o publicar fotos del espejo en Instagram. Tampoco me interesa “monetizar” un blog, aunque deje de ganar dinero si no inserto publicidad o ayudo a la gente a ganar dinero desde su casa, o publicando refritos de libros de autoayuda o promoviendo ventas multinivel o lo que sea. Mi lógica es simple: foros y blogs bien, redes sociales sin sentido de sociedad, mal. Este es un blog personal y punto. Cuando tenga algo que decir, lo diré. Si sólo a mí me importa, bien. Si a alguien le interesa, mejor.

Alguna vez leí que los extras en teatro, cine o televisión, para simular que están conversando, comienzan preguntándose “¿qué decir cuando no hay nada que decir?”. Y aquí estoy, haciendo el ejercicio de preguntarme qué podría decir, sobre qué podría escribir, haciendo caso omiso de a quién le pueda interesar. Hay mucha información sobre cómo iniciar un blog, incluso para qué iniciar un blog, pero no es lo mismo que saber qué decir en un blog. Afortunadamente los blogs no son de mármol; se puede editar cualquier cosa, y seguramente más de una cosa cambiará. Así que aquí vamos. Aprendiendo a buscar algo qué decir cuando no parece que tenga algo que decir.